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Padre Enrique
Párroco de San Pedro de Lima
viernes, febrero 26, 2010
Jesuitas secuestrados
HOMENAJE A LOS 429 PADRES Y HERMANOS DE LA COMPAÑIA DE JESUS – PROVINCIA DEL PERU, SECUESTRADOS BAJO LA DIRECCION DEL VIRREY DEL PERU MANUEL AMAT Y JUNIENT, CUMPLIENDO ORDENES DEL HIJO DE FELIPE V E ISABEL FARNESIO, CARLOS III, REY DE ESPAÑA.
DE ESTA COMUNIDAD Y COLEGIO MAXIMO DE SAN PABLO, EN LA MADRUGADA DEL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1767, FUERON SECUESTRADOS LOS RELIGIOSOS SIGUIENTES:
Sacerdotes
P. José Pérez de Vargas. Provincial.
P. Antonio Claramunt. Rector.
P. Francisco Toda. Ministro.
P. Pedro Alagón.
P. Pedro Arzabe.
P. Francisco Alvarez.
P. Ramón del Arco.
P. José Ignacio Arévalo.
P. Juan de Arguedas.
P. Juan Antonio Baca. Prefecto de la Congregación del Niño Jesús.
P. José Casimiro Bohórquez. Profesor de Teología.
P. Casimiro Cardona. Maestro de Gramática.
P. Alejandro Cáseda. Prefecto de Estudios.
P. Joaquín Castellanos.
P. Juan José Castillo.
P. Martín del Castillo.
P. José Corsos.
P. Juan José Crtés. En la Hda. Villa.
P. Francisco de Estrada.
P. Miguel Garrido. Procurador.
P. Atanasio Goicochea. Misionero.
P. Jacinto de Herrera. En Hda. Villa.
P. Luis Hevia.
P. Manuel Hurtado. Maestro de Gramática.
P. Bartolomé Jiménez.
P. Ignacio Jimeno. Adm. Hda. San Juan.
P. José Masías.
P. Juan Manuel Meneses.
P. Baltasar Moncada. En Hda. La Calera.
P. Juan José de Orueta.
P. Luis Oteiza.
P. Jaime Pérez.
P. Juan Antonio de Rivera.
P. Mateo de los Santos.. En Hda. La Magdalena.
P. Blas de Segurola. En Hda. La Calera.
P. Félix de Silva.
P. Antonio Tello. Profesor de Filosofía.
P. Nicolás Velasco.
P. Roberto Yunk.
P. Tomás de Zubizarreta.
Jesuitas Estudiantes de Teología
P. Joaquín Aguirre.
P. Joaquín Quintana.
P. Cipriano Ortiz de Cevallos.
P. Felipe Sugasti.
Pedro Alvarez.
Evaristo Alvitez.
Juan Abad.
Antonio Alcoriza.
Pablo Bezora.
Andrés Bustamante.
Santiago Comesaña.
Domingo Dávila.
Buenaventura Durán.
José Escoda
Bartolomé Estevez.
Miguel Fluxá.
Antonio Fuster.
Isidro García.
Juan Maestre.
Carlos Maza.
José Mosquera.
Francisco Pérez.
José Ríos.
Mariano Ríos.
Miguel Salazar.
Bernardo Sugasti.
Manuel de Torres.
Nicolás Velarde.
Jesuitas Estudiantes de Filosofía
Manuel Baeza.
Tomás Belón.
Manuel Bueno.
José Morales.
Pedro Pavón.
Vicente Saenz.
Diego Suarez.
José Vergara.
Fernando Villagómez.
José Vizcarra.
Pascual Moreno.
Tomás Ortiz.
Juan Sanabria.
Juan M. Velasco.
Antonio Villagómez.
Mariano Villanueva.
Hermanos Jesuitas
Bernardo Alcántara.
Domingo Alfonso.
Antonio Ignacio de Alzuru. Enfermero.
José Armendáriz. Procurador del Cuzco.
Pedro Aróstegui.
Martín Ayoroa.
Bartolomé Barra.
Miguel Beitia. Ayudante del Procurador de Provincia.
Isidro Cáceres.
Juan de Checa.
Manuel Duarte.
Enrique Detker. Subministro de la casa.
Juan Duden.
Juan Echepare.
Simón García. En Hda. Sta. Beatriz.
Wilibardo Gumperberger. Sacristán.
Joaquín Izaguirre.
Juan Justiniano.
Luis Lasala.
Antonio Lavi.
Manuel Llerande.
Juan Montecerín.
Mauricio Ophelan.
Francisco Pascual.
Francisco Javier Pérez de Vargas.
Felipe del Portillo.
Esteban Retz.
José Rojo. Enfermero.
Andrés Sellent. En Hda. Sta. Beatriz.
Ignacio Sibla.
Esteban Suárez.
Francisco Suárez.
Jaime de la Torre.
Pedro Viera.
MARTIRES DE LA OBEDIENCIA
NUNCA SE LES PERMITIO VOLVER AL PERU.
A. M. D. G.
Fotografía: altar de San Ignacio tomada y publicada por Juan Manuel Parra en flickr.com/3289/2690688358
Publicado por Enrique Rodríguez en 10:16 AM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
lunes, febrero 08, 2010
Vocaciones y noviciados
Fuerte resultó en Lima el impacto de la presencia jesuita. Dicen que la prédica del padre Jerónimo Ruiz del Portillo atrajo a muchos a la Compañía, pero también "los consejos y comunicación de los nuestros". En buen romance, el ejemplo de los primeros padres y hermanos resultó contagioso; así el de los padres y hermanos de la segunda y tercera oleada. Ayer como hoy es el ejemplo de vida y las buenas palabras lo que atrae a la imitación. No bien habían llegado, hubo unos jóvenes y otros no tanto que pidieron su ingreso en la Compañía de Jesús. Seglares y clérigos. "Ellos eran muy pocos, y los que traían eran muchos", lo que no quiere decir que ingresaran al noviciado una turbamulta. Bien se cuidaron en los criterios de admisión, aunque con los prejuicios de época.
Entre las vocaciones a la Compañía hubo un criado de confianza del cuarto virrey del Perú, Diego López de Zuñiga y Velasco, conde Nieva. Entraron al noviciado el fiscal de la Real Audiencia licenciado Pedro Messía que llegó a ser rector de San Pablo; el secretario de gobierno Francisco López de Aro; el escribano Juan Gutiérrez, que se dedicaba a hacer contratos comerciales; dos mercaderes; tres soldados; el encomendero Martín Pizarro; tres estudiantes de Artes de Santo Domingo; dos carpinteros "de los cuales uno era notable arquitecto". También entraron de jesuitas nada menos que el deán de la catedral de Lima, licenciado don Juan Toscano, y Cristóbal Sánchez, canónigo del Cuzco. "De suerte que no llegó el negocio de los del pueblo a tal término que no faltaban ya sino hombres casados". Pero no es que no lo intentaran, y en algún caso alguno lograra, puesto que hubo un padre de familia que ingresó al noviciado junto con su hijo, mientras que su mujer entraba en un monasterio de clausura.
La mejor de las historias es la del padre Messía antes citado. Este fiscal andaba con el espíritu revuelto por la predicación de Ruiz del Portillo. Pasaba las noches en vela, había perdido el apetito, no sabía qué hacer de su vida. Cierto día iba en su mula enjaezada pensando lo que debería hacer, y no tuvo mejor idea que dejar que la cabalgadura decidiera por él, puesto que el animal lo haría mejor que él mismo. Soltó las riendas y la mula se fue derecho a la puerta del Colegio de San Pablo. El licenciado Messía tocó la puerta y pidió a los padres que le dieran los Ejercicios Espirituales. De inmediato le asignaron una habitación y un padre ejercitador. Comenzó de inmediato la tarea espiritual en la soledad de su cuarto, donde solo era visto por el padre ejercitador y el hermano que le traìa la comida. Como había llegado sin ropa para cambiarse, para mayor comodidad se puso una ropa parda y vieja que había en la habitación.
El oidor de la Real Audiencia doctor Gregorio González de Cuenca (+ Santo Domingo 1581), se había convertido en devoto y protector de los jesuitas. Muchas mañanas pasaba por el Colegio de San Pablo para saber de las necesidades de los padres. En su visita matinal le comunicaron que su gran amigo el licenciado Messía estaba en casa. Ni corto ni perezoso se dirigió a la habitación que le indicaron, y cuál no sería su sorpresa al encontrar a Messía vestido de ropa talar. No le cupo más que darle un abrazo inmenso y manifestarle la alegría que significaba la decisión por aquel tomada. Messía, sorprendido, no supo decir ni sí ni no al doctor Cnudsto estanislao,uenca, quien salió a dar la buena noticia, que corrió por Lima como reguero de pólvora. El licenciado Pedro Messía tomó la ocasión como otro signo de la Providencia y pidió su ingreso en la Compañía de Jesús.
Para citar un caso más, aunque muy posterior. Es la triste historia de Alonso de Obando, que me da una penita inmensa. Rehaciendo los pocos datos que encontré, se sabe que era natural de Medellín, cerca de Don Benito, en Badajoz, Extremadura, España. Unos parientes lo habían traído a Lima, pero aquí lo dejaron abandonado a su suerte. Dicen que para poder estudiar pedía limosna de puerta en puerta y que estudió en el Colegio de San Martín, lo que indica que tenía voluntad de estudio y capacidad. Este buen chico pidió el ingreso al noviciado y se le concedió. Vivió santamente y murió a los ocho meses de novicio, "como el beato Estanislao", a los diecisiete años y medio.
El primer noviciado, como se ha podido adivinar, fue la residencia de San Pablo. La construcción del segundo noviciado se debió a la generosidad de un comerciante español, rico pero honrado, devoto de la Compañía de Jesús: don Antonio Correa Ureña, natural de Valdemoro, al sur de Madrid, que de ser señorío del arzobispado de Toledo, en tiempo de Felipe II pasó a ser villa de realengo. Si alguno quiere ir a su tumba, vaya a nuestra capilla y vea la lápida al pie del presbiterio que dice: DEL FUNDADOR ANTONIO CORREA. Bueno, "nuestra capilla" es un decir, porque cuando la funesta expulsión, el noviciado pasó a ser Colegio de San Carlos, luego Universidad de San Marcos, y "nuestra capilla", hoy es Panteón de los Próceres. Pero en sus bóvedas descansan en paz nuestros hermanos predecesores, esperando mejor momento.
Me encomiendo a nuestro Alonso de Obando, que de haber sido otra la historia hoy estaría en los altares. Pero así pasa cuando ocurre.
Publicado por Enrique Rodríguez en 5:45 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
jueves, enero 28, 2010
El primer provincial
El primer superior de los jesuitas del Perú fue un joven de 36 años. San Francisco de Borja lo nombró porque tenía interés particular en evangelizar a los indígenas del Nuevo Mundo. Los ímpetus de una iglesia renovada por el Concilio de Trento que enviaba a las misiones, una Compañía de Jesús joven y las características de Jerónimo Ruiz del Portillo, eran fuerzas que se unían a las casualidades de la naturaleza y la coyuntura histórica. Sinergias que le llaman en el siglo XXI.
Primera casualidad: cuando el primer grupo de seis jesuitas baja del barco en el Callao (domingo 28 de marzo de 1568), hubo eclipse de sol. Sin atender a esas minucias, lo primero que hicieron fue buscar un lugar donde celebrar la primera Misa en tierra peruana. Al poco rato de haber pisado tierra, ya estaba el superior predicando con gran sorpresa, curiosidad y admiración de los vecinos chalacos. Mientras tanto, los marineros así como los pasajeros del pequeño barco corrieron la voz de la santidad de los religiosos que habían llegado. Todo indica que especialmente el padre Jerónimo, durante el viaje había dado muestras de especial fortaleza y espíritu apostólico. ¿No era un signo del cielo el eclipse? Dos horas después la noticia había llegado a Lima; raudos los curiosos no perdieron tiempo y se arrancaron al puerto en mancha; en calesas unos y otros al galope para llegar primeros, a ver qué novedad era esa. O sea, los limeños ya eran chismosos desde entonces.
Cuatro días después fue la entrada triunfal en Lima. Por más que los jesuitas intentaron ir a vivir a un hospital pobre, al más puro estilo de maestro Ignacio, el Vicario General de los frailes predicadores lo impidió y la Orden Dominicana abrió su convento en auténtico espíritu fraterno. Al tercer día era Quinto domingo de Cuaresma o Domingo de Lázaro. Invitaron al padre Ruiz del Portillo a predicar en la iglesia de Santo Domingo, que resultó pequeña, como si fuera día de gran fiesta. “Concurrió a ese sermón no solamente toda la gente popular, y la de más lustre de la ciudad con todas las personas de govierno della; sino también los religiosos de todas las órdenes y entrellos los más famosos predicadores y superiores dellas”.
Segunda casualidad: No bien había empezado a hablar, cuando se desató uno de esos limeños temblores de tierra que hizo poner pies en polvorosa a clérigos y seglares. Parece que el predicador no sabía bien de qué iba la fiesta y permaneció impertérrito en el púlpito. Cuando después de la falsa alarma todo el mundo retornó a la iglesia, el predicador empalmó la prédica explicando la misión que traía la Compañía por voluntad de Felipe II, y de Pío V feliciter regnante.
Ruiz del Portillo no perdió el tiempo en bagatelas. Se ve que era ejecutivo, porque quince días más tarde ya se había asignado a la Compañía de Jesús la manzana que hoy ocupamos y realizada la tasación correspondiente de los doce solares y puesta en marcha la compra de ellos bajo escritura pública. La construcción de la capilla y la primera residencia se realizó de inmediato. El provincial de los jesuitas realizaba visitas, celebraba misas, predicaba, dirigía la construcción y él mismo se ponía a trabajar con los obreros, salpicado de barro en la sotana. Los fisgones se acercaban a ver las obras y no faltaban los caballeros que dejaban la cabalgadura y dedicaban algún tiempo de trabajo seguramente para ponerse a la altura del “edificante” padre Jerónimo.
No debo alargarme. Ruiz fue provincial ocho años y fue sucedido nada menos que por José de Acosta. No era para menos, porque la piola la puso bien alta. Amén de fundador de la provincia peruana, lo fue de la doctrina de Huarochirí destinando a ella 9 jesuitas de los 17 que constituían la provincia peruana (entre ellos el estudiante chachapoyano Blas Valera) y la de Santiago del Cercado. Dio inicio al colegio de San Pablo, movilizó a los jesuitas del pequeño grupo inicial a repartirse para atender todo tipo de personas, y él mismo, terminado su período de gobierno, partió a Cuzco para dedicarse a la misión principal a la que los jesuitas habían sido enviados.
Publicado por Enrique Rodríguez en 7:34 PM 3 comentarios Enlaces a esta entrada
lunes, enero 04, 2010
Para alegrar el corazón
Nota previa.- Al empezar el año, les deseo sea con una sonrisa que empecemos la segunda década del siglo XXI. Ya que perdimos el tiempo en la primera, empecemos con alegría la segunda década. Y como me he convertido en “el histórico”, ahí les va una seleción de recetas del siglo XVIII. En la botica de San Pablo se podía comprar las “yervas” y demás implementos medicinales.
La selección es mía y la libre interpretación de los lectores. Pero que pueden servir, creo que sí. La transcripción es exacta al original.
PARA ALEGRAR EL CORASON
Ojas de borraja flor y rais cosida, y beber el agua de clabeles, clavo, perlas finas en polvo, y asafran son cordiales, agua de asar en vino, o cardo santo comido o bebido.
PARA ALARGAR LA VISTA
Toma tres dias oregano con vino en ayunas, y para dolor de ojos toma una bentosa sajada en el cogote, y pon en la frente un defensivo que cubra las sienes de clara de huebo polvoreado con insiencio.
PARA APRETAR DIENTES, Y MUELAS
Toma mirra templada con aseite, y vino, y lavale la boca.
PARA VENTOSEDADES
Toma un puñado de anis y ponlo en dos quartillos de agua hasta que merme la mitad, y bebe de ella un baso caliente. Otra toma: un pliego de papel blanco y ponlo en el dolor. Otro unta en el dolor con unto sin sal, pon una oja de tabaco caliente, o bebe sumo de apio caliente en ayunas.
PARA VAGUIDOS DE CABESA
Desayunarse con pasas Vbas sin grano remojadas en vino, o beber de cardo santo.
PARA CORASON TIMIDO
Pon altamisa en una volsa, y ponla sobre el corason y te dará asedia que es propiedad que domina en ello.
PARA DORMIR
Al acostarse toma polvos de culantro tostado y seco, cascaras de adormidera y asucar en vino o agua, y dormirás bien.
PARA MAL DE CORASON
Toma el buche de venado, y la suciedad que tiene adentro desleida en vino dala a beber a tiempo que acometa el mal, que a pocas veses sanarás.
PARA MELANCOLIA
Toma agua de asar de rosa, piedra coral de esmeralda, y bezar, todo molido y hervido dalo a beber, y moja un tafetan colorado carmesi y pon sobre el corason, y beber vino en la comida.
VIRTUDES DEL CABRON
Los polvos del cuerno quemado son buenos para referegar los dientes, y limpiarlos; los pone blancos, fortalece, y aprieta las ensias, y quita el dolor. Los orines calientes y aplicados a los oydos quitan la sordera, bebidos deshacen las piedras de la begiga, y riñones, y expele las arenas. La senisa de los cuernos, quita el hedor de los sobacos, y pies, polvoreando con ellos.
TEÑIR CANAS
Se hace betum poniendo el candil en aseite, y la cupula o tapa debe ser de un pedaso de cantaro, o en otro tiesto usado, pero sin grasa; cuyo betum se incorpora con aseite de rosa, estrangero, y a falta de este, acaso que tambien sea bueno el aseite de rosa hecho en el Pais: se lava bien el pelo con agua natural, y sea pasa con una lima agria suasada despues de hecha la untura con el betum, la que se hara con el dedo humedesido con agua, o con saliba, y se emparejará a peine, cuya untura se repetirá todas las veses que lo exija así el color del pelo, procurando siempre limpiar el betum del casco, de aquellas partes donde pueda hacerse vicible, y notable el menjunge. Adviertese que al betum se le debe echar tanto aseite de rosa, quanto sea suficiente a darle la consistencia de un unguento suelto. Previenese igualemente que se usen las precauciones prudentes para que no se ensucie la almoada, ni la ropa del cuerpo.
HABLA PERDIDA
Coser la salbia en vino, y labar muchas veses con este cosimiento casi caliente, la lengua del enfermo, y que haga gargaras con el, o un pedaso de piedra de asufre puesta en la voca, y sobre la lengua.
Publicado por Enrique Rodríguez en 7:10 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
sábado, diciembre 26, 2009
Así, mejor así
Así, mejor así,
de carne y hueso.
Limitado, abarcable,
materia, llanto y risa, tiempo y número.
Así, mejor así.
Te adoro, Dios de los espacios blancos,
eterno, eterno, eterno,
así te quiero, así tienes que ser,
última playa sola y absoluta
al fin de mis naufragios y mis noches.
Pero ¿sabes mi Dios?, soy muy pequeño.
Al levantar mi frente sólo veo
un infinito cero.
En esa curva azul mi alma adivina
tu brazo en que me estrechas con tus mundos.
Pero es tan grande y tan distante... Dios,
no te enojes conmigo.
Tenía que decirte lo que siento
y aunque no lo dijera tú lo sabes.
Escúchame, eres Dios y yo soy polvo.
Tú me hiciste y conoces cómo soy.
Sabes que sólo puedo amar con toda el alma
lo que entiendo.
Y a tí, mi Dios, no se... Tú me comprendes:
me das vértigo y ardo en tu presencia.
Sólo soy una brizna
pensante, amante, frágil y sufriente
entre la polvareda silenciosa
de estrellas que levantas a tu paso.
Para amarte,
así, mejor así,
perdido entre mis manos
como yo entre las tuyas infinitas.
Así, mejor así,
materia, llanto y risa,
tiempo y número,
entre crujir de pajas,
dócil vaho caliente
y dos manos fragantes de mujer.
Y poderte besar...
¡y poderte matar, oh Dios de carne!
y poderte decir
-noche de maravilla y de locura-
“No llores, Dios pequeño,
que aquí viene mamá...
No llores, hay juguetes:
oro de rey, una estrellita blanca
y el corazón de todos los hombres”.
Así, mejor así,
de carne y hueso.
¡Oh, por algo será si tú lo has hecho!
José María de Romaña
Publicado por Enrique Rodríguez en 12:52 PM 0 comentarios Enlaces a esta entrada
sábado, diciembre 19, 2009
Pequeño cuento para Navidad
Son tantas las galaxias y cuántos más los planetas, que el Señor tuvo que poner un ejército de ángeles para supervisar su obra. Todos recibieron la misma y única tarea: “Anuncien, pero no reemplacen”. Cada uno cumplió desde el principio la orden del Señor, aunque desarrollándola según su propio criterio. Lo importante era que el Señor fuera anunciado.
Las miríadas de miríadas de mensajeros consultaron la red celestial y partieron presurosos. Qataniel entró en el sistema para recoger su destino. Leyó la pantalla e imprimió su ficha:
“Nombre: Cha 110913-773444. - Ubicación: Constelación Camaleón. Al sur de Miaplacidus de Carina. Bordea la constelación polar Octante. - Característica: Enana café”. Puso cara de inteligente, guardó la ficha en su alforjita y salió disparado como los demás.
Los espacios siderales eran inmensos y a la vez desconocidos. No pasó mucho tiempo cuando volvió la vista atrás y se percató de la oscuridad. A cada momento se hacían más lejanos los rastros luminosos de los otros mensajeros. De pronto se percató de que la única luz era la que brotaba de su túnica. Esperó que pasara una nube y se sentó a descansar. El pequeño Qataniel estaba cansado, experiencia hasta entonces desconocida. “Ahora solo falta que se haya perdido la ficha” – pensó. Metió la mano en la alforja que llevaba en bandolera. Ahí estaba. Desapareció esa cierta sensación de temor. “¿Temor? Si soy un ángel”. Ya eran dos sensaciones novedosas.
“Entiendo las palabras y los números. Pero no entiendo el significado”. En la prisa no había impreso la carta geográfica que le permitiría llegar a destino. La fatiga lo venció y se quedó dormido con una lágrima que felizmente ya no pudo sentir. Su túnica había perdido la energía lumínica.
Una luz despertaba al pequeño ángel. Se desperezó creyendo que estaba en su cama y se volteó para dormir un rato más, pero la nube era tan pequeña como él y rodó a la oscuridad. Cayó, cayó y se dejó caer. Podía aprovechar los vientos interestelares para planear. Qataniel se convenció de que en algún momento llegaría a su enana café; mientras tanto, danzaría entre los planeta evitando quedar otra vez en la oscuridad.
Qataniel se cansó de danzar. Sudoroso como estaba, sintio el frescor de un bello cirrus que pasaba cerca, camino del planeta azul. No había transcurrido mucho tiempo, cuando percibió en la lejanía un movimiento desconocido. Los ojos se le abrieron al ver una especie que no era precisamente angélica. Unos nacían, otros morían; unos lloraban, otros reían. “¡Llegué a mi Cha no se cuántos” – dijo para sí, emocionado. Error. Ahí estaba Gabriel, grande, majestuoso, trabajando. Qataniel se escondió en el fondo de su cirrus, que para entonces estaba hecho una congeladora y esperó el atardecer para que el arcángel no lo descubriera.
Estaba a solo diez kilómetros del planeta azul. El pequeño ángel se deslizó por un tobogán de hielo que se formó desde su nube y cayó en la tierra. Desde entonces sigue escondido y tratando de encontrar el camino a su destino. Mientras lo encuentra aprovecha el tiempo para cumplir la misión que le han dado: “Anuncien, pero no reemplacen”. Los que lo escuchan son los que andan por la vida perdidos como él.
Se que anda escondido entre los cuadros e imágenes de las iglesias de Lima. La última vez que me crucé con el pequeño Qataniel me guiñó el ojo y me señaló con la cabeza a dos chiquillos que caminaban por el Mercado Central.
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Dedicado a quienes siguen este blog. A quienes no pueden seguirlo porque, como Qataniel, entienden las palabras pero no entienden lo que significan. A mi familia y amigos de aquí. A mi familia y amigos de allá (siempre los extraño). A Guayo que partió hoy, para que encuentre su estrella.
Publicado por Enrique Rodríguez en 1:06 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
viernes, diciembre 04, 2009
Francisco Javier, peregrino de los mares
Ayer entregamos la Capilla de San Francisco Javier de la iglesia del Colegio Máximo de San Pablo, hoy iglesia de San Pedro, restaurada en dos años de silencioso, discreto, paciente y minucioso trabajo.
En 1568 la Compañía de Jesús llegó al Perú y adquirió por derecho de compra los doce solares que forman la manzana donde se construyó el Colegio de San Pablo con sus obras anexas, incluida la iglesia cuya fábrica se inició en 1624 y concluyó después de 14 años, en 1638.
Los altares y retablos fueron construidos entre 1660 y 1685. El padre Rubén Vargas Ugarte, a quien se debe la preservación de gran parte del patrimonio de esta iglesia, hace referencia a la Carta Anua de 1648 donde el superior de los jesuitas del Perú informa al padre General que se había instalado completamente un retablo de San Francisco Javier en la iglesia. Debe tratarse de un retablo anterior al que nos convoca; la razón es sencilla y a la vez importante. Quien introdujo la columna salomónica o torsa en la ciudad de Lima fue el entablador vasco Diego de Aguirre. Este llegó de España en el año 1675. Ciertamente en 1685 el retablo se había terminado de dorar. Así tenemos una década fundamental en la que, según Luis Eduardo Wuffarden, se dio la irrupción del barroco en Lima. Para entonces, todo el interior de la iglesia de San Pablo había logrado una perfecta armonía estilística, incluyendo la capilla mayor.
Nuestro retablo de San Francisco Javier está diseñado en dos niveles dinámicos. El primero es la marcada y solemne horizontalidad terrena que se hace obvia en los dos primeros cuerpos, acentuada por la anchura de las plataformas de cornisa superpuestas a las ocho columnas estructurales. El segundo nivel dinámico es la verticalidad ascensional o espiritual. Las columnas, revestidas en el fuste de azucenas, brotan en rosas y racimos de uva en medio de profuso follaje que dejan entrever angelitos, conjunto que acentúa la torsión.
Los grupos de columnas salomónicas empujan la mirada del observador hacia un tercer cuerpo que rompe la regularidad compositiva y estalla en la gloria del Francisco Javier, caballero peregrino de los mares, montado en un carro de concha tirado por dos hipocampos embridados. Así cabalga los mares, rodeado de ángeles.
Cuando se observa bien el conjunto del retablo, la disposición de las columnas y la perspectiva que crean los niveles de las cornisas, las aplicaciones de conchas y volutas, podemos descubrir el movimiento de las olas, e imaginar los mares que recorrió el santo patrón de los misioneros, desde Roma, hasta morir en la isla de Shangchuan, a tan solo 14 kilómetros de las anheladas costas del gran imperio chino.
En la parte superior de la capilla se mantienen dos cuadros de Juan de Valdés Leal de la serie de la vida de San Ignacio, similares a los que pintara para el patio de la Casa Profesa de Sevilla, teniendo como modelo la colección de dibujos del flamenco Pedro Pablo Rubens y los grabados del francés Juan Bautista Barbé. Uno es la despedida de San Ignacio a San Francisco Javier y el otro tiene como tema las deliberaciones de París.
El retablo, hecho de pino y cedro, así como sus 15 lienzos y los 14 de las arquerías de la capilla, han sido intervenidos en el Taller de Restauración de la Iglesia de San Pedro de Lima, de acuerdo a los principios de respeto a la originalidad de la obra y de reversibilidad, contándose con los registros fotográficos iniciales de proceso y finales.
Tanto el retablo, como el conjunto de lienzos de la vida de San Francisco Javier, son estación obligada para quien quiere saber qué es el barroco en el Perú.
Publicado por Enrique Rodríguez en 5:14 PM 0 comentarios Enlaces a esta entrada
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Padre Enrique
Párroco de San Pedro de Lima
viernes, febrero 26, 2010
Jesuitas secuestrados
HOMENAJE A LOS 429 PADRES Y HERMANOS DE LA COMPAÑIA DE JESUS – PROVINCIA DEL PERU, SECUESTRADOS BAJO LA DIRECCION DEL VIRREY DEL PERU MANUEL AMAT Y JUNIENT, CUMPLIENDO ORDENES DEL HIJO DE FELIPE V E ISABEL FARNESIO, CARLOS III, REY DE ESPAÑA.
DE ESTA COMUNIDAD Y COLEGIO MAXIMO DE SAN PABLO, EN LA MADRUGADA DEL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1767, FUERON SECUESTRADOS LOS RELIGIOSOS SIGUIENTES:
Sacerdotes
P. José Pérez de Vargas. Provincial.
P. Antonio Claramunt. Rector.
P. Francisco Toda. Ministro.
P. Pedro Alagón.
P. Pedro Arzabe.
P. Francisco Alvarez.
P. Ramón del Arco.
P. José Ignacio Arévalo.
P. Juan de Arguedas.
P. Juan Antonio Baca. Prefecto de la Congregación del Niño Jesús.
P. José Casimiro Bohórquez. Profesor de Teología.
P. Casimiro Cardona. Maestro de Gramática.
P. Alejandro Cáseda. Prefecto de Estudios.
P. Joaquín Castellanos.
P. Juan José Castillo.
P. Martín del Castillo.
P. José Corsos.
P. Juan José Crtés. En la Hda. Villa.
P. Francisco de Estrada.
P. Miguel Garrido. Procurador.
P. Atanasio Goicochea. Misionero.
P. Jacinto de Herrera. En Hda. Villa.
P. Luis Hevia.
P. Manuel Hurtado. Maestro de Gramática.
P. Bartolomé Jiménez.
P. Ignacio Jimeno. Adm. Hda. San Juan.
P. José Masías.
P. Juan Manuel Meneses.
P. Baltasar Moncada. En Hda. La Calera.
P. Juan José de Orueta.
P. Luis Oteiza.
P. Jaime Pérez.
P. Juan Antonio de Rivera.
P. Mateo de los Santos.. En Hda. La Magdalena.
P. Blas de Segurola. En Hda. La Calera.
P. Félix de Silva.
P. Antonio Tello. Profesor de Filosofía.
P. Nicolás Velasco.
P. Roberto Yunk.
P. Tomás de Zubizarreta.
Jesuitas Estudiantes de Teología
P. Joaquín Aguirre.
P. Joaquín Quintana.
P. Cipriano Ortiz de Cevallos.
P. Felipe Sugasti.
Pedro Alvarez.
Evaristo Alvitez.
Juan Abad.
Antonio Alcoriza.
Pablo Bezora.
Andrés Bustamante.
Santiago Comesaña.
Domingo Dávila.
Buenaventura Durán.
José Escoda
Bartolomé Estevez.
Miguel Fluxá.
Antonio Fuster.
Isidro García.
Juan Maestre.
Carlos Maza.
José Mosquera.
Francisco Pérez.
José Ríos.
Mariano Ríos.
Miguel Salazar.
Bernardo Sugasti.
Manuel de Torres.
Nicolás Velarde.
Jesuitas Estudiantes de Filosofía
Manuel Baeza.
Tomás Belón.
Manuel Bueno.
José Morales.
Pedro Pavón.
Vicente Saenz.
Diego Suarez.
José Vergara.
Fernando Villagómez.
José Vizcarra.
Pascual Moreno.
Tomás Ortiz.
Juan Sanabria.
Juan M. Velasco.
Antonio Villagómez.
Mariano Villanueva.
Hermanos Jesuitas
Bernardo Alcántara.
Domingo Alfonso.
Antonio Ignacio de Alzuru. Enfermero.
José Armendáriz. Procurador del Cuzco.
Pedro Aróstegui.
Martín Ayoroa.
Bartolomé Barra.
Miguel Beitia. Ayudante del Procurador de Provincia.
Isidro Cáceres.
Juan de Checa.
Manuel Duarte.
Enrique Detker. Subministro de la casa.
Juan Duden.
Juan Echepare.
Simón García. En Hda. Sta. Beatriz.
Wilibardo Gumperberger. Sacristán.
Joaquín Izaguirre.
Juan Justiniano.
Luis Lasala.
Antonio Lavi.
Manuel Llerande.
Juan Montecerín.
Mauricio Ophelan.
Francisco Pascual.
Francisco Javier Pérez de Vargas.
Felipe del Portillo.
Esteban Retz.
José Rojo. Enfermero.
Andrés Sellent. En Hda. Sta. Beatriz.
Ignacio Sibla.
Esteban Suárez.
Francisco Suárez.
Jaime de la Torre.
Pedro Viera.
MARTIRES DE LA OBEDIENCIA
NUNCA SE LES PERMITIO VOLVER AL PERU.
A. M. D. G.
Fotografía: altar de San Ignacio tomada y publicada por Juan Manuel Parra en flickr.com/3289/2690688358
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lunes, febrero 08, 2010
Vocaciones y noviciados
Fuerte resultó en Lima el impacto de la presencia jesuita. Dicen que la prédica del padre Jerónimo Ruiz del Portillo atrajo a muchos a la Compañía, pero también "los consejos y comunicación de los nuestros". En buen romance, el ejemplo de los primeros padres y hermanos resultó contagioso; así el de los padres y hermanos de la segunda y tercera oleada. Ayer como hoy es el ejemplo de vida y las buenas palabras lo que atrae a la imitación. No bien habían llegado, hubo unos jóvenes y otros no tanto que pidieron su ingreso en la Compañía de Jesús. Seglares y clérigos. "Ellos eran muy pocos, y los que traían eran muchos", lo que no quiere decir que ingresaran al noviciado una turbamulta. Bien se cuidaron en los criterios de admisión, aunque con los prejuicios de época.
Entre las vocaciones a la Compañía hubo un criado de confianza del cuarto virrey del Perú, Diego López de Zuñiga y Velasco, conde Nieva. Entraron al noviciado el fiscal de la Real Audiencia licenciado Pedro Messía que llegó a ser rector de San Pablo; el secretario de gobierno Francisco López de Aro; el escribano Juan Gutiérrez, que se dedicaba a hacer contratos comerciales; dos mercaderes; tres soldados; el encomendero Martín Pizarro; tres estudiantes de Artes de Santo Domingo; dos carpinteros "de los cuales uno era notable arquitecto". También entraron de jesuitas nada menos que el deán de la catedral de Lima, licenciado don Juan Toscano, y Cristóbal Sánchez, canónigo del Cuzco. "De suerte que no llegó el negocio de los del pueblo a tal término que no faltaban ya sino hombres casados". Pero no es que no lo intentaran, y en algún caso alguno lograra, puesto que hubo un padre de familia que ingresó al noviciado junto con su hijo, mientras que su mujer entraba en un monasterio de clausura.
La mejor de las historias es la del padre Messía antes citado. Este fiscal andaba con el espíritu revuelto por la predicación de Ruiz del Portillo. Pasaba las noches en vela, había perdido el apetito, no sabía qué hacer de su vida. Cierto día iba en su mula enjaezada pensando lo que debería hacer, y no tuvo mejor idea que dejar que la cabalgadura decidiera por él, puesto que el animal lo haría mejor que él mismo. Soltó las riendas y la mula se fue derecho a la puerta del Colegio de San Pablo. El licenciado Messía tocó la puerta y pidió a los padres que le dieran los Ejercicios Espirituales. De inmediato le asignaron una habitación y un padre ejercitador. Comenzó de inmediato la tarea espiritual en la soledad de su cuarto, donde solo era visto por el padre ejercitador y el hermano que le traìa la comida. Como había llegado sin ropa para cambiarse, para mayor comodidad se puso una ropa parda y vieja que había en la habitación.
El oidor de la Real Audiencia doctor Gregorio González de Cuenca (+ Santo Domingo 1581), se había convertido en devoto y protector de los jesuitas. Muchas mañanas pasaba por el Colegio de San Pablo para saber de las necesidades de los padres. En su visita matinal le comunicaron que su gran amigo el licenciado Messía estaba en casa. Ni corto ni perezoso se dirigió a la habitación que le indicaron, y cuál no sería su sorpresa al encontrar a Messía vestido de ropa talar. No le cupo más que darle un abrazo inmenso y manifestarle la alegría que significaba la decisión por aquel tomada. Messía, sorprendido, no supo decir ni sí ni no al doctor Cnudsto estanislao,uenca, quien salió a dar la buena noticia, que corrió por Lima como reguero de pólvora. El licenciado Pedro Messía tomó la ocasión como otro signo de la Providencia y pidió su ingreso en la Compañía de Jesús.
Para citar un caso más, aunque muy posterior. Es la triste historia de Alonso de Obando, que me da una penita inmensa. Rehaciendo los pocos datos que encontré, se sabe que era natural de Medellín, cerca de Don Benito, en Badajoz, Extremadura, España. Unos parientes lo habían traído a Lima, pero aquí lo dejaron abandonado a su suerte. Dicen que para poder estudiar pedía limosna de puerta en puerta y que estudió en el Colegio de San Martín, lo que indica que tenía voluntad de estudio y capacidad. Este buen chico pidió el ingreso al noviciado y se le concedió. Vivió santamente y murió a los ocho meses de novicio, "como el beato Estanislao", a los diecisiete años y medio.
El primer noviciado, como se ha podido adivinar, fue la residencia de San Pablo. La construcción del segundo noviciado se debió a la generosidad de un comerciante español, rico pero honrado, devoto de la Compañía de Jesús: don Antonio Correa Ureña, natural de Valdemoro, al sur de Madrid, que de ser señorío del arzobispado de Toledo, en tiempo de Felipe II pasó a ser villa de realengo. Si alguno quiere ir a su tumba, vaya a nuestra capilla y vea la lápida al pie del presbiterio que dice: DEL FUNDADOR ANTONIO CORREA. Bueno, "nuestra capilla" es un decir, porque cuando la funesta expulsión, el noviciado pasó a ser Colegio de San Carlos, luego Universidad de San Marcos, y "nuestra capilla", hoy es Panteón de los Próceres. Pero en sus bóvedas descansan en paz nuestros hermanos predecesores, esperando mejor momento.
Me encomiendo a nuestro Alonso de Obando, que de haber sido otra la historia hoy estaría en los altares. Pero así pasa cuando ocurre.
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jueves, enero 28, 2010
El primer provincial
El primer superior de los jesuitas del Perú fue un joven de 36 años. San Francisco de Borja lo nombró porque tenía interés particular en evangelizar a los indígenas del Nuevo Mundo. Los ímpetus de una iglesia renovada por el Concilio de Trento que enviaba a las misiones, una Compañía de Jesús joven y las características de Jerónimo Ruiz del Portillo, eran fuerzas que se unían a las casualidades de la naturaleza y la coyuntura histórica. Sinergias que le llaman en el siglo XXI.
Primera casualidad: cuando el primer grupo de seis jesuitas baja del barco en el Callao (domingo 28 de marzo de 1568), hubo eclipse de sol. Sin atender a esas minucias, lo primero que hicieron fue buscar un lugar donde celebrar la primera Misa en tierra peruana. Al poco rato de haber pisado tierra, ya estaba el superior predicando con gran sorpresa, curiosidad y admiración de los vecinos chalacos. Mientras tanto, los marineros así como los pasajeros del pequeño barco corrieron la voz de la santidad de los religiosos que habían llegado. Todo indica que especialmente el padre Jerónimo, durante el viaje había dado muestras de especial fortaleza y espíritu apostólico. ¿No era un signo del cielo el eclipse? Dos horas después la noticia había llegado a Lima; raudos los curiosos no perdieron tiempo y se arrancaron al puerto en mancha; en calesas unos y otros al galope para llegar primeros, a ver qué novedad era esa. O sea, los limeños ya eran chismosos desde entonces.
Cuatro días después fue la entrada triunfal en Lima. Por más que los jesuitas intentaron ir a vivir a un hospital pobre, al más puro estilo de maestro Ignacio, el Vicario General de los frailes predicadores lo impidió y la Orden Dominicana abrió su convento en auténtico espíritu fraterno. Al tercer día era Quinto domingo de Cuaresma o Domingo de Lázaro. Invitaron al padre Ruiz del Portillo a predicar en la iglesia de Santo Domingo, que resultó pequeña, como si fuera día de gran fiesta. “Concurrió a ese sermón no solamente toda la gente popular, y la de más lustre de la ciudad con todas las personas de govierno della; sino también los religiosos de todas las órdenes y entrellos los más famosos predicadores y superiores dellas”.
Segunda casualidad: No bien había empezado a hablar, cuando se desató uno de esos limeños temblores de tierra que hizo poner pies en polvorosa a clérigos y seglares. Parece que el predicador no sabía bien de qué iba la fiesta y permaneció impertérrito en el púlpito. Cuando después de la falsa alarma todo el mundo retornó a la iglesia, el predicador empalmó la prédica explicando la misión que traía la Compañía por voluntad de Felipe II, y de Pío V feliciter regnante.
Ruiz del Portillo no perdió el tiempo en bagatelas. Se ve que era ejecutivo, porque quince días más tarde ya se había asignado a la Compañía de Jesús la manzana que hoy ocupamos y realizada la tasación correspondiente de los doce solares y puesta en marcha la compra de ellos bajo escritura pública. La construcción de la capilla y la primera residencia se realizó de inmediato. El provincial de los jesuitas realizaba visitas, celebraba misas, predicaba, dirigía la construcción y él mismo se ponía a trabajar con los obreros, salpicado de barro en la sotana. Los fisgones se acercaban a ver las obras y no faltaban los caballeros que dejaban la cabalgadura y dedicaban algún tiempo de trabajo seguramente para ponerse a la altura del “edificante” padre Jerónimo.
No debo alargarme. Ruiz fue provincial ocho años y fue sucedido nada menos que por José de Acosta. No era para menos, porque la piola la puso bien alta. Amén de fundador de la provincia peruana, lo fue de la doctrina de Huarochirí destinando a ella 9 jesuitas de los 17 que constituían la provincia peruana (entre ellos el estudiante chachapoyano Blas Valera) y la de Santiago del Cercado. Dio inicio al colegio de San Pablo, movilizó a los jesuitas del pequeño grupo inicial a repartirse para atender todo tipo de personas, y él mismo, terminado su período de gobierno, partió a Cuzco para dedicarse a la misión principal a la que los jesuitas habían sido enviados.
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lunes, enero 04, 2010
Para alegrar el corazón
Nota previa.- Al empezar el año, les deseo sea con una sonrisa que empecemos la segunda década del siglo XXI. Ya que perdimos el tiempo en la primera, empecemos con alegría la segunda década. Y como me he convertido en “el histórico”, ahí les va una seleción de recetas del siglo XVIII. En la botica de San Pablo se podía comprar las “yervas” y demás implementos medicinales.
La selección es mía y la libre interpretación de los lectores. Pero que pueden servir, creo que sí. La transcripción es exacta al original.
PARA ALEGRAR EL CORASON
Ojas de borraja flor y rais cosida, y beber el agua de clabeles, clavo, perlas finas en polvo, y asafran son cordiales, agua de asar en vino, o cardo santo comido o bebido.
PARA ALARGAR LA VISTA
Toma tres dias oregano con vino en ayunas, y para dolor de ojos toma una bentosa sajada en el cogote, y pon en la frente un defensivo que cubra las sienes de clara de huebo polvoreado con insiencio.
PARA APRETAR DIENTES, Y MUELAS
Toma mirra templada con aseite, y vino, y lavale la boca.
PARA VENTOSEDADES
Toma un puñado de anis y ponlo en dos quartillos de agua hasta que merme la mitad, y bebe de ella un baso caliente. Otra toma: un pliego de papel blanco y ponlo en el dolor. Otro unta en el dolor con unto sin sal, pon una oja de tabaco caliente, o bebe sumo de apio caliente en ayunas.
PARA VAGUIDOS DE CABESA
Desayunarse con pasas Vbas sin grano remojadas en vino, o beber de cardo santo.
PARA CORASON TIMIDO
Pon altamisa en una volsa, y ponla sobre el corason y te dará asedia que es propiedad que domina en ello.
PARA DORMIR
Al acostarse toma polvos de culantro tostado y seco, cascaras de adormidera y asucar en vino o agua, y dormirás bien.
PARA MAL DE CORASON
Toma el buche de venado, y la suciedad que tiene adentro desleida en vino dala a beber a tiempo que acometa el mal, que a pocas veses sanarás.
PARA MELANCOLIA
Toma agua de asar de rosa, piedra coral de esmeralda, y bezar, todo molido y hervido dalo a beber, y moja un tafetan colorado carmesi y pon sobre el corason, y beber vino en la comida.
VIRTUDES DEL CABRON
Los polvos del cuerno quemado son buenos para referegar los dientes, y limpiarlos; los pone blancos, fortalece, y aprieta las ensias, y quita el dolor. Los orines calientes y aplicados a los oydos quitan la sordera, bebidos deshacen las piedras de la begiga, y riñones, y expele las arenas. La senisa de los cuernos, quita el hedor de los sobacos, y pies, polvoreando con ellos.
TEÑIR CANAS
Se hace betum poniendo el candil en aseite, y la cupula o tapa debe ser de un pedaso de cantaro, o en otro tiesto usado, pero sin grasa; cuyo betum se incorpora con aseite de rosa, estrangero, y a falta de este, acaso que tambien sea bueno el aseite de rosa hecho en el Pais: se lava bien el pelo con agua natural, y sea pasa con una lima agria suasada despues de hecha la untura con el betum, la que se hara con el dedo humedesido con agua, o con saliba, y se emparejará a peine, cuya untura se repetirá todas las veses que lo exija así el color del pelo, procurando siempre limpiar el betum del casco, de aquellas partes donde pueda hacerse vicible, y notable el menjunge. Adviertese que al betum se le debe echar tanto aseite de rosa, quanto sea suficiente a darle la consistencia de un unguento suelto. Previenese igualemente que se usen las precauciones prudentes para que no se ensucie la almoada, ni la ropa del cuerpo.
HABLA PERDIDA
Coser la salbia en vino, y labar muchas veses con este cosimiento casi caliente, la lengua del enfermo, y que haga gargaras con el, o un pedaso de piedra de asufre puesta en la voca, y sobre la lengua.
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sábado, diciembre 26, 2009
Así, mejor así
Así, mejor así,
de carne y hueso.
Limitado, abarcable,
materia, llanto y risa, tiempo y número.
Así, mejor así.
Te adoro, Dios de los espacios blancos,
eterno, eterno, eterno,
así te quiero, así tienes que ser,
última playa sola y absoluta
al fin de mis naufragios y mis noches.
Pero ¿sabes mi Dios?, soy muy pequeño.
Al levantar mi frente sólo veo
un infinito cero.
En esa curva azul mi alma adivina
tu brazo en que me estrechas con tus mundos.
Pero es tan grande y tan distante... Dios,
no te enojes conmigo.
Tenía que decirte lo que siento
y aunque no lo dijera tú lo sabes.
Escúchame, eres Dios y yo soy polvo.
Tú me hiciste y conoces cómo soy.
Sabes que sólo puedo amar con toda el alma
lo que entiendo.
Y a tí, mi Dios, no se... Tú me comprendes:
me das vértigo y ardo en tu presencia.
Sólo soy una brizna
pensante, amante, frágil y sufriente
entre la polvareda silenciosa
de estrellas que levantas a tu paso.
Para amarte,
así, mejor así,
perdido entre mis manos
como yo entre las tuyas infinitas.
Así, mejor así,
materia, llanto y risa,
tiempo y número,
entre crujir de pajas,
dócil vaho caliente
y dos manos fragantes de mujer.
Y poderte besar...
¡y poderte matar, oh Dios de carne!
y poderte decir
-noche de maravilla y de locura-
“No llores, Dios pequeño,
que aquí viene mamá...
No llores, hay juguetes:
oro de rey, una estrellita blanca
y el corazón de todos los hombres”.
Así, mejor así,
de carne y hueso.
¡Oh, por algo será si tú lo has hecho!
José María de Romaña
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sábado, diciembre 19, 2009
Pequeño cuento para Navidad
Son tantas las galaxias y cuántos más los planetas, que el Señor tuvo que poner un ejército de ángeles para supervisar su obra. Todos recibieron la misma y única tarea: “Anuncien, pero no reemplacen”. Cada uno cumplió desde el principio la orden del Señor, aunque desarrollándola según su propio criterio. Lo importante era que el Señor fuera anunciado.
Las miríadas de miríadas de mensajeros consultaron la red celestial y partieron presurosos. Qataniel entró en el sistema para recoger su destino. Leyó la pantalla e imprimió su ficha:
“Nombre: Cha 110913-773444. - Ubicación: Constelación Camaleón. Al sur de Miaplacidus de Carina. Bordea la constelación polar Octante. - Característica: Enana café”. Puso cara de inteligente, guardó la ficha en su alforjita y salió disparado como los demás.
Los espacios siderales eran inmensos y a la vez desconocidos. No pasó mucho tiempo cuando volvió la vista atrás y se percató de la oscuridad. A cada momento se hacían más lejanos los rastros luminosos de los otros mensajeros. De pronto se percató de que la única luz era la que brotaba de su túnica. Esperó que pasara una nube y se sentó a descansar. El pequeño Qataniel estaba cansado, experiencia hasta entonces desconocida. “Ahora solo falta que se haya perdido la ficha” – pensó. Metió la mano en la alforja que llevaba en bandolera. Ahí estaba. Desapareció esa cierta sensación de temor. “¿Temor? Si soy un ángel”. Ya eran dos sensaciones novedosas.
“Entiendo las palabras y los números. Pero no entiendo el significado”. En la prisa no había impreso la carta geográfica que le permitiría llegar a destino. La fatiga lo venció y se quedó dormido con una lágrima que felizmente ya no pudo sentir. Su túnica había perdido la energía lumínica.
Una luz despertaba al pequeño ángel. Se desperezó creyendo que estaba en su cama y se volteó para dormir un rato más, pero la nube era tan pequeña como él y rodó a la oscuridad. Cayó, cayó y se dejó caer. Podía aprovechar los vientos interestelares para planear. Qataniel se convenció de que en algún momento llegaría a su enana café; mientras tanto, danzaría entre los planeta evitando quedar otra vez en la oscuridad.
Qataniel se cansó de danzar. Sudoroso como estaba, sintio el frescor de un bello cirrus que pasaba cerca, camino del planeta azul. No había transcurrido mucho tiempo, cuando percibió en la lejanía un movimiento desconocido. Los ojos se le abrieron al ver una especie que no era precisamente angélica. Unos nacían, otros morían; unos lloraban, otros reían. “¡Llegué a mi Cha no se cuántos” – dijo para sí, emocionado. Error. Ahí estaba Gabriel, grande, majestuoso, trabajando. Qataniel se escondió en el fondo de su cirrus, que para entonces estaba hecho una congeladora y esperó el atardecer para que el arcángel no lo descubriera.
Estaba a solo diez kilómetros del planeta azul. El pequeño ángel se deslizó por un tobogán de hielo que se formó desde su nube y cayó en la tierra. Desde entonces sigue escondido y tratando de encontrar el camino a su destino. Mientras lo encuentra aprovecha el tiempo para cumplir la misión que le han dado: “Anuncien, pero no reemplacen”. Los que lo escuchan son los que andan por la vida perdidos como él.
Se que anda escondido entre los cuadros e imágenes de las iglesias de Lima. La última vez que me crucé con el pequeño Qataniel me guiñó el ojo y me señaló con la cabeza a dos chiquillos que caminaban por el Mercado Central.
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Dedicado a quienes siguen este blog. A quienes no pueden seguirlo porque, como Qataniel, entienden las palabras pero no entienden lo que significan. A mi familia y amigos de aquí. A mi familia y amigos de allá (siempre los extraño). A Guayo que partió hoy, para que encuentre su estrella.
Publicado por Enrique Rodríguez en 1:06 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
viernes, diciembre 04, 2009
Francisco Javier, peregrino de los mares
Ayer entregamos la Capilla de San Francisco Javier de la iglesia del Colegio Máximo de San Pablo, hoy iglesia de San Pedro, restaurada en dos años de silencioso, discreto, paciente y minucioso trabajo.
En 1568 la Compañía de Jesús llegó al Perú y adquirió por derecho de compra los doce solares que forman la manzana donde se construyó el Colegio de San Pablo con sus obras anexas, incluida la iglesia cuya fábrica se inició en 1624 y concluyó después de 14 años, en 1638.
Los altares y retablos fueron construidos entre 1660 y 1685. El padre Rubén Vargas Ugarte, a quien se debe la preservación de gran parte del patrimonio de esta iglesia, hace referencia a la Carta Anua de 1648 donde el superior de los jesuitas del Perú informa al padre General que se había instalado completamente un retablo de San Francisco Javier en la iglesia. Debe tratarse de un retablo anterior al que nos convoca; la razón es sencilla y a la vez importante. Quien introdujo la columna salomónica o torsa en la ciudad de Lima fue el entablador vasco Diego de Aguirre. Este llegó de España en el año 1675. Ciertamente en 1685 el retablo se había terminado de dorar. Así tenemos una década fundamental en la que, según Luis Eduardo Wuffarden, se dio la irrupción del barroco en Lima. Para entonces, todo el interior de la iglesia de San Pablo había logrado una perfecta armonía estilística, incluyendo la capilla mayor.
Nuestro retablo de San Francisco Javier está diseñado en dos niveles dinámicos. El primero es la marcada y solemne horizontalidad terrena que se hace obvia en los dos primeros cuerpos, acentuada por la anchura de las plataformas de cornisa superpuestas a las ocho columnas estructurales. El segundo nivel dinámico es la verticalidad ascensional o espiritual. Las columnas, revestidas en el fuste de azucenas, brotan en rosas y racimos de uva en medio de profuso follaje que dejan entrever angelitos, conjunto que acentúa la torsión.
Los grupos de columnas salomónicas empujan la mirada del observador hacia un tercer cuerpo que rompe la regularidad compositiva y estalla en la gloria del Francisco Javier, caballero peregrino de los mares, montado en un carro de concha tirado por dos hipocampos embridados. Así cabalga los mares, rodeado de ángeles.
Cuando se observa bien el conjunto del retablo, la disposición de las columnas y la perspectiva que crean los niveles de las cornisas, las aplicaciones de conchas y volutas, podemos descubrir el movimiento de las olas, e imaginar los mares que recorrió el santo patrón de los misioneros, desde Roma, hasta morir en la isla de Shangchuan, a tan solo 14 kilómetros de las anheladas costas del gran imperio chino.
En la parte superior de la capilla se mantienen dos cuadros de Juan de Valdés Leal de la serie de la vida de San Ignacio, similares a los que pintara para el patio de la Casa Profesa de Sevilla, teniendo como modelo la colección de dibujos del flamenco Pedro Pablo Rubens y los grabados del francés Juan Bautista Barbé. Uno es la despedida de San Ignacio a San Francisco Javier y el otro tiene como tema las deliberaciones de París.
El retablo, hecho de pino y cedro, así como sus 15 lienzos y los 14 de las arquerías de la capilla, han sido intervenidos en el Taller de Restauración de la Iglesia de San Pedro de Lima, de acuerdo a los principios de respeto a la originalidad de la obra y de reversibilidad, contándose con los registros fotográficos iniciales de proceso y finales.
Tanto el retablo, como el conjunto de lienzos de la vida de San Francisco Javier, son estación obligada para quien quiere saber qué es el barroco en el Perú.
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Padre Enrique
Párroco de San Pedro de Lima
viernes, febrero 26, 2010
Jesuitas secuestrados
HOMENAJE A LOS 429 PADRES Y HERMANOS DE LA COMPAÑIA DE JESUS – PROVINCIA DEL PERU, SECUESTRADOS BAJO LA DIRECCION DEL VIRREY DEL PERU MANUEL AMAT Y JUNIENT, CUMPLIENDO ORDENES DEL HIJO DE FELIPE V E ISABEL FARNESIO, CARLOS III, REY DE ESPAÑA.
DE ESTA COMUNIDAD Y COLEGIO MAXIMO DE SAN PABLO, EN LA MADRUGADA DEL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1767, FUERON SECUESTRADOS LOS RELIGIOSOS SIGUIENTES:
Sacerdotes
P. José Pérez de Vargas. Provincial.
P. Antonio Claramunt. Rector.
P. Francisco Toda. Ministro.
P. Pedro Alagón.
P. Pedro Arzabe.
P. Francisco Alvarez.
P. Ramón del Arco.
P. José Ignacio Arévalo.
P. Juan de Arguedas.
P. Juan Antonio Baca. Prefecto de la Congregación del Niño Jesús.
P. José Casimiro Bohórquez. Profesor de Teología.
P. Casimiro Cardona. Maestro de Gramática.
P. Alejandro Cáseda. Prefecto de Estudios.
P. Joaquín Castellanos.
P. Juan José Castillo.
P. Martín del Castillo.
P. José Corsos.
P. Juan José Crtés. En la Hda. Villa.
P. Francisco de Estrada.
P. Miguel Garrido. Procurador.
P. Atanasio Goicochea. Misionero.
P. Jacinto de Herrera. En Hda. Villa.
P. Luis Hevia.
P. Manuel Hurtado. Maestro de Gramática.
P. Bartolomé Jiménez.
P. Ignacio Jimeno. Adm. Hda. San Juan.
P. José Masías.
P. Juan Manuel Meneses.
P. Baltasar Moncada. En Hda. La Calera.
P. Juan José de Orueta.
P. Luis Oteiza.
P. Jaime Pérez.
P. Juan Antonio de Rivera.
P. Mateo de los Santos.. En Hda. La Magdalena.
P. Blas de Segurola. En Hda. La Calera.
P. Félix de Silva.
P. Antonio Tello. Profesor de Filosofía.
P. Nicolás Velasco.
P. Roberto Yunk.
P. Tomás de Zubizarreta.
Jesuitas Estudiantes de Teología
P. Joaquín Aguirre.
P. Joaquín Quintana.
P. Cipriano Ortiz de Cevallos.
P. Felipe Sugasti.
Pedro Alvarez.
Evaristo Alvitez.
Juan Abad.
Antonio Alcoriza.
Pablo Bezora.
Andrés Bustamante.
Santiago Comesaña.
Domingo Dávila.
Buenaventura Durán.
José Escoda
Bartolomé Estevez.
Miguel Fluxá.
Antonio Fuster.
Isidro García.
Juan Maestre.
Carlos Maza.
José Mosquera.
Francisco Pérez.
José Ríos.
Mariano Ríos.
Miguel Salazar.
Bernardo Sugasti.
Manuel de Torres.
Nicolás Velarde.
Jesuitas Estudiantes de Filosofía
Manuel Baeza.
Tomás Belón.
Manuel Bueno.
José Morales.
Pedro Pavón.
Vicente Saenz.
Diego Suarez.
José Vergara.
Fernando Villagómez.
José Vizcarra.
Pascual Moreno.
Tomás Ortiz.
Juan Sanabria.
Juan M. Velasco.
Antonio Villagómez.
Mariano Villanueva.
Hermanos Jesuitas
Bernardo Alcántara.
Domingo Alfonso.
Antonio Ignacio de Alzuru. Enfermero.
José Armendáriz. Procurador del Cuzco.
Pedro Aróstegui.
Martín Ayoroa.
Bartolomé Barra.
Miguel Beitia. Ayudante del Procurador de Provincia.
Isidro Cáceres.
Juan de Checa.
Manuel Duarte.
Enrique Detker. Subministro de la casa.
Juan Duden.
Juan Echepare.
Simón García. En Hda. Sta. Beatriz.
Wilibardo Gumperberger. Sacristán.
Joaquín Izaguirre.
Juan Justiniano.
Luis Lasala.
Antonio Lavi.
Manuel Llerande.
Juan Montecerín.
Mauricio Ophelan.
Francisco Pascual.
Francisco Javier Pérez de Vargas.
Felipe del Portillo.
Esteban Retz.
José Rojo. Enfermero.
Andrés Sellent. En Hda. Sta. Beatriz.
Ignacio Sibla.
Esteban Suárez.
Francisco Suárez.
Jaime de la Torre.
Pedro Viera.
MARTIRES DE LA OBEDIENCIA
NUNCA SE LES PERMITIO VOLVER AL PERU.
A. M. D. G.
Fotografía: altar de San Ignacio tomada y publicada por Juan Manuel Parra en flickr.com/3289/2690688358
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lunes, febrero 08, 2010
Vocaciones y noviciados
Fuerte resultó en Lima el impacto de la presencia jesuita. Dicen que la prédica del padre Jerónimo Ruiz del Portillo atrajo a muchos a la Compañía, pero también "los consejos y comunicación de los nuestros". En buen romance, el ejemplo de los primeros padres y hermanos resultó contagioso; así el de los padres y hermanos de la segunda y tercera oleada. Ayer como hoy es el ejemplo de vida y las buenas palabras lo que atrae a la imitación. No bien habían llegado, hubo unos jóvenes y otros no tanto que pidieron su ingreso en la Compañía de Jesús. Seglares y clérigos. "Ellos eran muy pocos, y los que traían eran muchos", lo que no quiere decir que ingresaran al noviciado una turbamulta. Bien se cuidaron en los criterios de admisión, aunque con los prejuicios de época.
Entre las vocaciones a la Compañía hubo un criado de confianza del cuarto virrey del Perú, Diego López de Zuñiga y Velasco, conde Nieva. Entraron al noviciado el fiscal de la Real Audiencia licenciado Pedro Messía que llegó a ser rector de San Pablo; el secretario de gobierno Francisco López de Aro; el escribano Juan Gutiérrez, que se dedicaba a hacer contratos comerciales; dos mercaderes; tres soldados; el encomendero Martín Pizarro; tres estudiantes de Artes de Santo Domingo; dos carpinteros "de los cuales uno era notable arquitecto". También entraron de jesuitas nada menos que el deán de la catedral de Lima, licenciado don Juan Toscano, y Cristóbal Sánchez, canónigo del Cuzco. "De suerte que no llegó el negocio de los del pueblo a tal término que no faltaban ya sino hombres casados". Pero no es que no lo intentaran, y en algún caso alguno lograra, puesto que hubo un padre de familia que ingresó al noviciado junto con su hijo, mientras que su mujer entraba en un monasterio de clausura.
La mejor de las historias es la del padre Messía antes citado. Este fiscal andaba con el espíritu revuelto por la predicación de Ruiz del Portillo. Pasaba las noches en vela, había perdido el apetito, no sabía qué hacer de su vida. Cierto día iba en su mula enjaezada pensando lo que debería hacer, y no tuvo mejor idea que dejar que la cabalgadura decidiera por él, puesto que el animal lo haría mejor que él mismo. Soltó las riendas y la mula se fue derecho a la puerta del Colegio de San Pablo. El licenciado Messía tocó la puerta y pidió a los padres que le dieran los Ejercicios Espirituales. De inmediato le asignaron una habitación y un padre ejercitador. Comenzó de inmediato la tarea espiritual en la soledad de su cuarto, donde solo era visto por el padre ejercitador y el hermano que le traìa la comida. Como había llegado sin ropa para cambiarse, para mayor comodidad se puso una ropa parda y vieja que había en la habitación.
El oidor de la Real Audiencia doctor Gregorio González de Cuenca (+ Santo Domingo 1581), se había convertido en devoto y protector de los jesuitas. Muchas mañanas pasaba por el Colegio de San Pablo para saber de las necesidades de los padres. En su visita matinal le comunicaron que su gran amigo el licenciado Messía estaba en casa. Ni corto ni perezoso se dirigió a la habitación que le indicaron, y cuál no sería su sorpresa al encontrar a Messía vestido de ropa talar. No le cupo más que darle un abrazo inmenso y manifestarle la alegría que significaba la decisión por aquel tomada. Messía, sorprendido, no supo decir ni sí ni no al doctor Cnudsto estanislao,uenca, quien salió a dar la buena noticia, que corrió por Lima como reguero de pólvora. El licenciado Pedro Messía tomó la ocasión como otro signo de la Providencia y pidió su ingreso en la Compañía de Jesús.
Para citar un caso más, aunque muy posterior. Es la triste historia de Alonso de Obando, que me da una penita inmensa. Rehaciendo los pocos datos que encontré, se sabe que era natural de Medellín, cerca de Don Benito, en Badajoz, Extremadura, España. Unos parientes lo habían traído a Lima, pero aquí lo dejaron abandonado a su suerte. Dicen que para poder estudiar pedía limosna de puerta en puerta y que estudió en el Colegio de San Martín, lo que indica que tenía voluntad de estudio y capacidad. Este buen chico pidió el ingreso al noviciado y se le concedió. Vivió santamente y murió a los ocho meses de novicio, "como el beato Estanislao", a los diecisiete años y medio.
El primer noviciado, como se ha podido adivinar, fue la residencia de San Pablo. La construcción del segundo noviciado se debió a la generosidad de un comerciante español, rico pero honrado, devoto de la Compañía de Jesús: don Antonio Correa Ureña, natural de Valdemoro, al sur de Madrid, que de ser señorío del arzobispado de Toledo, en tiempo de Felipe II pasó a ser villa de realengo. Si alguno quiere ir a su tumba, vaya a nuestra capilla y vea la lápida al pie del presbiterio que dice: DEL FUNDADOR ANTONIO CORREA. Bueno, "nuestra capilla" es un decir, porque cuando la funesta expulsión, el noviciado pasó a ser Colegio de San Carlos, luego Universidad de San Marcos, y "nuestra capilla", hoy es Panteón de los Próceres. Pero en sus bóvedas descansan en paz nuestros hermanos predecesores, esperando mejor momento.
Me encomiendo a nuestro Alonso de Obando, que de haber sido otra la historia hoy estaría en los altares. Pero así pasa cuando ocurre.
Publicado por Enrique Rodríguez en 5:45 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
jueves, enero 28, 2010
El primer provincial
El primer superior de los jesuitas del Perú fue un joven de 36 años. San Francisco de Borja lo nombró porque tenía interés particular en evangelizar a los indígenas del Nuevo Mundo. Los ímpetus de una iglesia renovada por el Concilio de Trento que enviaba a las misiones, una Compañía de Jesús joven y las características de Jerónimo Ruiz del Portillo, eran fuerzas que se unían a las casualidades de la naturaleza y la coyuntura histórica. Sinergias que le llaman en el siglo XXI.
Primera casualidad: cuando el primer grupo de seis jesuitas baja del barco en el Callao (domingo 28 de marzo de 1568), hubo eclipse de sol. Sin atender a esas minucias, lo primero que hicieron fue buscar un lugar donde celebrar la primera Misa en tierra peruana. Al poco rato de haber pisado tierra, ya estaba el superior predicando con gran sorpresa, curiosidad y admiración de los vecinos chalacos. Mientras tanto, los marineros así como los pasajeros del pequeño barco corrieron la voz de la santidad de los religiosos que habían llegado. Todo indica que especialmente el padre Jerónimo, durante el viaje había dado muestras de especial fortaleza y espíritu apostólico. ¿No era un signo del cielo el eclipse? Dos horas después la noticia había llegado a Lima; raudos los curiosos no perdieron tiempo y se arrancaron al puerto en mancha; en calesas unos y otros al galope para llegar primeros, a ver qué novedad era esa. O sea, los limeños ya eran chismosos desde entonces.
Cuatro días después fue la entrada triunfal en Lima. Por más que los jesuitas intentaron ir a vivir a un hospital pobre, al más puro estilo de maestro Ignacio, el Vicario General de los frailes predicadores lo impidió y la Orden Dominicana abrió su convento en auténtico espíritu fraterno. Al tercer día era Quinto domingo de Cuaresma o Domingo de Lázaro. Invitaron al padre Ruiz del Portillo a predicar en la iglesia de Santo Domingo, que resultó pequeña, como si fuera día de gran fiesta. “Concurrió a ese sermón no solamente toda la gente popular, y la de más lustre de la ciudad con todas las personas de govierno della; sino también los religiosos de todas las órdenes y entrellos los más famosos predicadores y superiores dellas”.
Segunda casualidad: No bien había empezado a hablar, cuando se desató uno de esos limeños temblores de tierra que hizo poner pies en polvorosa a clérigos y seglares. Parece que el predicador no sabía bien de qué iba la fiesta y permaneció impertérrito en el púlpito. Cuando después de la falsa alarma todo el mundo retornó a la iglesia, el predicador empalmó la prédica explicando la misión que traía la Compañía por voluntad de Felipe II, y de Pío V feliciter regnante.
Ruiz del Portillo no perdió el tiempo en bagatelas. Se ve que era ejecutivo, porque quince días más tarde ya se había asignado a la Compañía de Jesús la manzana que hoy ocupamos y realizada la tasación correspondiente de los doce solares y puesta en marcha la compra de ellos bajo escritura pública. La construcción de la capilla y la primera residencia se realizó de inmediato. El provincial de los jesuitas realizaba visitas, celebraba misas, predicaba, dirigía la construcción y él mismo se ponía a trabajar con los obreros, salpicado de barro en la sotana. Los fisgones se acercaban a ver las obras y no faltaban los caballeros que dejaban la cabalgadura y dedicaban algún tiempo de trabajo seguramente para ponerse a la altura del “edificante” padre Jerónimo.
No debo alargarme. Ruiz fue provincial ocho años y fue sucedido nada menos que por José de Acosta. No era para menos, porque la piola la puso bien alta. Amén de fundador de la provincia peruana, lo fue de la doctrina de Huarochirí destinando a ella 9 jesuitas de los 17 que constituían la provincia peruana (entre ellos el estudiante chachapoyano Blas Valera) y la de Santiago del Cercado. Dio inicio al colegio de San Pablo, movilizó a los jesuitas del pequeño grupo inicial a repartirse para atender todo tipo de personas, y él mismo, terminado su período de gobierno, partió a Cuzco para dedicarse a la misión principal a la que los jesuitas habían sido enviados.
Publicado por Enrique Rodríguez en 7:34 PM 3 comentarios Enlaces a esta entrada
lunes, enero 04, 2010
Para alegrar el corazón
Nota previa.- Al empezar el año, les deseo sea con una sonrisa que empecemos la segunda década del siglo XXI. Ya que perdimos el tiempo en la primera, empecemos con alegría la segunda década. Y como me he convertido en “el histórico”, ahí les va una seleción de recetas del siglo XVIII. En la botica de San Pablo se podía comprar las “yervas” y demás implementos medicinales.
La selección es mía y la libre interpretación de los lectores. Pero que pueden servir, creo que sí. La transcripción es exacta al original.
PARA ALEGRAR EL CORASON
Ojas de borraja flor y rais cosida, y beber el agua de clabeles, clavo, perlas finas en polvo, y asafran son cordiales, agua de asar en vino, o cardo santo comido o bebido.
PARA ALARGAR LA VISTA
Toma tres dias oregano con vino en ayunas, y para dolor de ojos toma una bentosa sajada en el cogote, y pon en la frente un defensivo que cubra las sienes de clara de huebo polvoreado con insiencio.
PARA APRETAR DIENTES, Y MUELAS
Toma mirra templada con aseite, y vino, y lavale la boca.
PARA VENTOSEDADES
Toma un puñado de anis y ponlo en dos quartillos de agua hasta que merme la mitad, y bebe de ella un baso caliente. Otra toma: un pliego de papel blanco y ponlo en el dolor. Otro unta en el dolor con unto sin sal, pon una oja de tabaco caliente, o bebe sumo de apio caliente en ayunas.
PARA VAGUIDOS DE CABESA
Desayunarse con pasas Vbas sin grano remojadas en vino, o beber de cardo santo.
PARA CORASON TIMIDO
Pon altamisa en una volsa, y ponla sobre el corason y te dará asedia que es propiedad que domina en ello.
PARA DORMIR
Al acostarse toma polvos de culantro tostado y seco, cascaras de adormidera y asucar en vino o agua, y dormirás bien.
PARA MAL DE CORASON
Toma el buche de venado, y la suciedad que tiene adentro desleida en vino dala a beber a tiempo que acometa el mal, que a pocas veses sanarás.
PARA MELANCOLIA
Toma agua de asar de rosa, piedra coral de esmeralda, y bezar, todo molido y hervido dalo a beber, y moja un tafetan colorado carmesi y pon sobre el corason, y beber vino en la comida.
VIRTUDES DEL CABRON
Los polvos del cuerno quemado son buenos para referegar los dientes, y limpiarlos; los pone blancos, fortalece, y aprieta las ensias, y quita el dolor. Los orines calientes y aplicados a los oydos quitan la sordera, bebidos deshacen las piedras de la begiga, y riñones, y expele las arenas. La senisa de los cuernos, quita el hedor de los sobacos, y pies, polvoreando con ellos.
TEÑIR CANAS
Se hace betum poniendo el candil en aseite, y la cupula o tapa debe ser de un pedaso de cantaro, o en otro tiesto usado, pero sin grasa; cuyo betum se incorpora con aseite de rosa, estrangero, y a falta de este, acaso que tambien sea bueno el aseite de rosa hecho en el Pais: se lava bien el pelo con agua natural, y sea pasa con una lima agria suasada despues de hecha la untura con el betum, la que se hara con el dedo humedesido con agua, o con saliba, y se emparejará a peine, cuya untura se repetirá todas las veses que lo exija así el color del pelo, procurando siempre limpiar el betum del casco, de aquellas partes donde pueda hacerse vicible, y notable el menjunge. Adviertese que al betum se le debe echar tanto aseite de rosa, quanto sea suficiente a darle la consistencia de un unguento suelto. Previenese igualemente que se usen las precauciones prudentes para que no se ensucie la almoada, ni la ropa del cuerpo.
HABLA PERDIDA
Coser la salbia en vino, y labar muchas veses con este cosimiento casi caliente, la lengua del enfermo, y que haga gargaras con el, o un pedaso de piedra de asufre puesta en la voca, y sobre la lengua.
Publicado por Enrique Rodríguez en 7:10 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
sábado, diciembre 26, 2009
Así, mejor así
Así, mejor así,
de carne y hueso.
Limitado, abarcable,
materia, llanto y risa, tiempo y número.
Así, mejor así.
Te adoro, Dios de los espacios blancos,
eterno, eterno, eterno,
así te quiero, así tienes que ser,
última playa sola y absoluta
al fin de mis naufragios y mis noches.
Pero ¿sabes mi Dios?, soy muy pequeño.
Al levantar mi frente sólo veo
un infinito cero.
En esa curva azul mi alma adivina
tu brazo en que me estrechas con tus mundos.
Pero es tan grande y tan distante... Dios,
no te enojes conmigo.
Tenía que decirte lo que siento
y aunque no lo dijera tú lo sabes.
Escúchame, eres Dios y yo soy polvo.
Tú me hiciste y conoces cómo soy.
Sabes que sólo puedo amar con toda el alma
lo que entiendo.
Y a tí, mi Dios, no se... Tú me comprendes:
me das vértigo y ardo en tu presencia.
Sólo soy una brizna
pensante, amante, frágil y sufriente
entre la polvareda silenciosa
de estrellas que levantas a tu paso.
Para amarte,
así, mejor así,
perdido entre mis manos
como yo entre las tuyas infinitas.
Así, mejor así,
materia, llanto y risa,
tiempo y número,
entre crujir de pajas,
dócil vaho caliente
y dos manos fragantes de mujer.
Y poderte besar...
¡y poderte matar, oh Dios de carne!
y poderte decir
-noche de maravilla y de locura-
“No llores, Dios pequeño,
que aquí viene mamá...
No llores, hay juguetes:
oro de rey, una estrellita blanca
y el corazón de todos los hombres”.
Así, mejor así,
de carne y hueso.
¡Oh, por algo será si tú lo has hecho!
José María de Romaña
Publicado por Enrique Rodríguez en 12:52 PM 0 comentarios Enlaces a esta entrada
sábado, diciembre 19, 2009
Pequeño cuento para Navidad
Son tantas las galaxias y cuántos más los planetas, que el Señor tuvo que poner un ejército de ángeles para supervisar su obra. Todos recibieron la misma y única tarea: “Anuncien, pero no reemplacen”. Cada uno cumplió desde el principio la orden del Señor, aunque desarrollándola según su propio criterio. Lo importante era que el Señor fuera anunciado.
Las miríadas de miríadas de mensajeros consultaron la red celestial y partieron presurosos. Qataniel entró en el sistema para recoger su destino. Leyó la pantalla e imprimió su ficha:
“Nombre: Cha 110913-773444. - Ubicación: Constelación Camaleón. Al sur de Miaplacidus de Carina. Bordea la constelación polar Octante. - Característica: Enana café”. Puso cara de inteligente, guardó la ficha en su alforjita y salió disparado como los demás.
Los espacios siderales eran inmensos y a la vez desconocidos. No pasó mucho tiempo cuando volvió la vista atrás y se percató de la oscuridad. A cada momento se hacían más lejanos los rastros luminosos de los otros mensajeros. De pronto se percató de que la única luz era la que brotaba de su túnica. Esperó que pasara una nube y se sentó a descansar. El pequeño Qataniel estaba cansado, experiencia hasta entonces desconocida. “Ahora solo falta que se haya perdido la ficha” – pensó. Metió la mano en la alforja que llevaba en bandolera. Ahí estaba. Desapareció esa cierta sensación de temor. “¿Temor? Si soy un ángel”. Ya eran dos sensaciones novedosas.
“Entiendo las palabras y los números. Pero no entiendo el significado”. En la prisa no había impreso la carta geográfica que le permitiría llegar a destino. La fatiga lo venció y se quedó dormido con una lágrima que felizmente ya no pudo sentir. Su túnica había perdido la energía lumínica.
Una luz despertaba al pequeño ángel. Se desperezó creyendo que estaba en su cama y se volteó para dormir un rato más, pero la nube era tan pequeña como él y rodó a la oscuridad. Cayó, cayó y se dejó caer. Podía aprovechar los vientos interestelares para planear. Qataniel se convenció de que en algún momento llegaría a su enana café; mientras tanto, danzaría entre los planeta evitando quedar otra vez en la oscuridad.
Qataniel se cansó de danzar. Sudoroso como estaba, sintio el frescor de un bello cirrus que pasaba cerca, camino del planeta azul. No había transcurrido mucho tiempo, cuando percibió en la lejanía un movimiento desconocido. Los ojos se le abrieron al ver una especie que no era precisamente angélica. Unos nacían, otros morían; unos lloraban, otros reían. “¡Llegué a mi Cha no se cuántos” – dijo para sí, emocionado. Error. Ahí estaba Gabriel, grande, majestuoso, trabajando. Qataniel se escondió en el fondo de su cirrus, que para entonces estaba hecho una congeladora y esperó el atardecer para que el arcángel no lo descubriera.
Estaba a solo diez kilómetros del planeta azul. El pequeño ángel se deslizó por un tobogán de hielo que se formó desde su nube y cayó en la tierra. Desde entonces sigue escondido y tratando de encontrar el camino a su destino. Mientras lo encuentra aprovecha el tiempo para cumplir la misión que le han dado: “Anuncien, pero no reemplacen”. Los que lo escuchan son los que andan por la vida perdidos como él.
Se que anda escondido entre los cuadros e imágenes de las iglesias de Lima. La última vez que me crucé con el pequeño Qataniel me guiñó el ojo y me señaló con la cabeza a dos chiquillos que caminaban por el Mercado Central.
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Dedicado a quienes siguen este blog. A quienes no pueden seguirlo porque, como Qataniel, entienden las palabras pero no entienden lo que significan. A mi familia y amigos de aquí. A mi familia y amigos de allá (siempre los extraño). A Guayo que partió hoy, para que encuentre su estrella.
Publicado por Enrique Rodríguez en 1:06 PM 2 comentarios Enlaces a esta entrada
viernes, diciembre 04, 2009
Francisco Javier, peregrino de los mares
Ayer entregamos la Capilla de San Francisco Javier de la iglesia del Colegio Máximo de San Pablo, hoy iglesia de San Pedro, restaurada en dos años de silencioso, discreto, paciente y minucioso trabajo.
En 1568 la Compañía de Jesús llegó al Perú y adquirió por derecho de compra los doce solares que forman la manzana donde se construyó el Colegio de San Pablo con sus obras anexas, incluida la iglesia cuya fábrica se inició en 1624 y concluyó después de 14 años, en 1638.
Los altares y retablos fueron construidos entre 1660 y 1685. El padre Rubén Vargas Ugarte, a quien se debe la preservación de gran parte del patrimonio de esta iglesia, hace referencia a la Carta Anua de 1648 donde el superior de los jesuitas del Perú informa al padre General que se había instalado completamente un retablo de San Francisco Javier en la iglesia. Debe tratarse de un retablo anterior al que nos convoca; la razón es sencilla y a la vez importante. Quien introdujo la columna salomónica o torsa en la ciudad de Lima fue el entablador vasco Diego de Aguirre. Este llegó de España en el año 1675. Ciertamente en 1685 el retablo se había terminado de dorar. Así tenemos una década fundamental en la que, según Luis Eduardo Wuffarden, se dio la irrupción del barroco en Lima. Para entonces, todo el interior de la iglesia de San Pablo había logrado una perfecta armonía estilística, incluyendo la capilla mayor.
Nuestro retablo de San Francisco Javier está diseñado en dos niveles dinámicos. El primero es la marcada y solemne horizontalidad terrena que se hace obvia en los dos primeros cuerpos, acentuada por la anchura de las plataformas de cornisa superpuestas a las ocho columnas estructurales. El segundo nivel dinámico es la verticalidad ascensional o espiritual. Las columnas, revestidas en el fuste de azucenas, brotan en rosas y racimos de uva en medio de profuso follaje que dejan entrever angelitos, conjunto que acentúa la torsión.
Los grupos de columnas salomónicas empujan la mirada del observador hacia un tercer cuerpo que rompe la regularidad compositiva y estalla en la gloria del Francisco Javier, caballero peregrino de los mares, montado en un carro de concha tirado por dos hipocampos embridados. Así cabalga los mares, rodeado de ángeles.
Cuando se observa bien el conjunto del retablo, la disposición de las columnas y la perspectiva que crean los niveles de las cornisas, las aplicaciones de conchas y volutas, podemos descubrir el movimiento de las olas, e imaginar los mares que recorrió el santo patrón de los misioneros, desde Roma, hasta morir en la isla de Shangchuan, a tan solo 14 kilómetros de las anheladas costas del gran imperio chino.
En la parte superior de la capilla se mantienen dos cuadros de Juan de Valdés Leal de la serie de la vida de San Ignacio, similares a los que pintara para el patio de la Casa Profesa de Sevilla, teniendo como modelo la colección de dibujos del flamenco Pedro Pablo Rubens y los grabados del francés Juan Bautista Barbé. Uno es la despedida de San Ignacio a San Francisco Javier y el otro tiene como tema las deliberaciones de París.
El retablo, hecho de pino y cedro, así como sus 15 lienzos y los 14 de las arquerías de la capilla, han sido intervenidos en el Taller de Restauración de la Iglesia de San Pedro de Lima, de acuerdo a los principios de respeto a la originalidad de la obra y de reversibilidad, contándose con los registros fotográficos iniciales de proceso y finales.
Tanto el retablo, como el conjunto de lienzos de la vida de San Francisco Javier, son estación obligada para quien quiere saber qué es el barroco en el Perú.
Publicado por Enrique Rodríguez en 5:14 PM 0 comentarios Enlaces a esta entrada
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