viernes, 30 de abril de 2010

DIA DEL TRABAJO


PRIMERO DE MAYO SE CELEBRA EL DÍA MUNDIAL DEL TRABAJO
El Día Mundial del Trabajo, el Primero de Mayo, es la fiesta, por antonomasia, del Movimiento Obrero Mundial.
Desde su establecimiento en todos los países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista celebrado en París en 1889 es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago que fueron ajusticiados por su participación en las jornadas de lucha por consecución de la jornada laboral de ocho horas que culminaron el la huelga del 1º de mayo de 1886 en los Estados Unidos (EE.UU.), hecho que fue el origen de que dicha celebración se lleve a cabo es esa fecha.

Siguiendo el éxito que había tenido el movimiento sindical al en Canadá con una campaña similar a partir de 1872 a favor del día laboral limitado y de los derechos sindicales. La celebración se lleva a cabo en esta fecha, el inicio de la huelga general, aunque el suceso concreto de los Mártires de Chicago, también conocido como la Revuelta de Haymarket en Chicago, tuvo lugar realmente tres días más tarde, el 4 de mayo de 1886.

PASCUA - DOMINGO V

PASCUA - Domingo V
Juan 13, 31-35

Jesús en la Ultima Cena se está despidiendo de sus apóstoles y les está dando sus últimas recomendaciones para que cuando El suba al cielo, ellos puedan seguir realizando su misma obra. Y una de estas últimas enseñanzas y muy importante es el Mandamiento Nuevo: les doy un mandamiento nuevo que se amen unos a otros como yo les he amado.

En esto se conocen los discípulos de Jesús, es su marca, el amor. Y esta es la única norma de conducta que El nos quiere dejar. El amor es la motivación que debemos tener en todas nuestras acciones, es la guía de toda nuestra conducta. Pero para que no queden ambigüedades Jesús habla de qué forma hay que amar: amar como El mismo nos ha amado. Ese es el verdadero amor y esa es la medida: nos debemos amar como El nos ha amado. Y es muy necesaria esta referencia porque a veces se llama amor a muchas actitudes que en realidad no lo son; la verdad del amor brota de la llaga abierta de su Corazón.

Para saber cómo es el amor de Cristo, podemos abrir el Evangelio y descubrir este amor en cada una de sus páginas. Pero también cada uno de nosotros podría abrir las páginas de su propia vida; y así al descubrir cómo nos ha amado Cristo aprenderíamos cómo debemos amar.

Hay algún paralelo entre esta enseñanza, y la que el mismo Jesús nos dio cuando nos explicaba la conducta del cristiano en el Sermón del Monte: sean perfectos, como el Padre Celestial es perfecto. Nuestro modelo de perfección es Dios mismo; y de la misma manera la meta de un cristiano es imitar a Cristo en el amor, amar como Cristo. Son dos enseñanzas similares: ser perfectos como el Padre Celestial, amar como ama Cristo. Y es que en las entrañas de nuestro ser llevamos el sello de Dios mismo: el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, por eso, hay que hacer todo de la manera que Dios lo haría, para no frustrar nuestra semejanza con Dios, nuestra íntima esencia.

En todo lo que hacemos debemos intentar parecernos a Dios. Y más aún sabiendo por la revelación de Jesús, que Dios mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, habitan en nuestros corazones.

Hay otra referencia parecida en San Pablo, cuando habla del matrimonio cristiano y dice a los esposos, que amen a sus esposas como Cristo ama a su Iglesia. De nuevo el amor de Cristo como modelo del amor de un cristiano, en esa situación particular del matrimonio.

¿Y cómo ama Cristo? Volvemos a preguntarnos. Habría que recorrer cada uno de los momentos de la vida de Cristo, para descubrir el gran amor con que vivió cada situación de su vida y cada acción que realizó. Su entrega en la Encarnación, ese lanzarse al abismo del anonadamiento, para hacerse semejante a nosotros, y poder así realizar nuestra salvación: y su voluntad de no ahorrarse las etapas de la infancia desvalida, y de la niñez insignificante. ¿Qué necesidad tenía de hacerlo? Tenía un amor infinito que le impulsaba a cada momento. Un amor que se manifiesta en cada milagro, en cada persona que cura. Cuando detiene el cortejo fúnebre del hijo de la viuda de Naím, cuando llora ante la tumba de Lázaro, cuando multiplica los panes, porque le da lástima de esa multitud hambrienta. Todo lo fue desarrollando impulsado por su Corazón. Y no es necesario detenerse excesivamente en el amor que derrocha en los últimos momentos de su vida, porque en cada escena surge la llama de su amor.

Cuando hace el milagro de la Eucaristía, y afirma su voluntad de perpetuarse entre nosotros, de nuevo lo que le mueve es el amor. Cuando está en el Huerto abrumado por una tremenda responsabilidad por haber asumido los pecados del mundo; y sufriendo una angustia mortal. Y todo esto por el amor que me tiene. Así voy poco a poco entendiendo lo que significa: les doy un Mandamiento Nuevo, que se amen unos a otros como yo les he amado. Cuando muere en la Cruz, cuando incluso pasa por la oscuridad del sepulcro. Pero incluso cuando resucita, lo que manifiesta es su gran amor. En cada una de las apariciones a sus apóstoles está manifestando ese amor, que lo impulsó siempre. Y que quiere que sea nuestra motivación para actuar en la vida. Y nos hace ver que todo se reduce a eso: sólo nos da un mandamiento, que es Nuevo, porque es su amor convertido en ideal de vida y de conducta, para todo el que quiera seguirle.

Mucho podría cada uno añadir de las muestras personales de amor que nos ha dado Jesús. Meditando en todo eso podremos desentrañar este mandamiento nuevo: ámense unos a otros como yo les he amado.

miércoles, 28 de abril de 2010

EL PLURALISMO EN LA IGLESIA


El pluralismo en la Iglesia
4.00 p m| MADRID 27 abr. 10 (VIDANUEVA/BV).- ¿Cuál es el modelo de relación de la Iglesia con su entorno? ¿Qué disposición tiene frente a lo que no es ella misma, pero está cerca? Son preguntas con respuestas que se lanzan en la revista Vida Nueva. Aquí un extracto del artículo escrito por la Asociación Cultural Karl Rahner.

Hay una Iglesia enclavada en sus propios espacios, centrípeta y monárquica, que hace de la unidad la garantía de su subsistencia en un mundo demasiado fútil y complejo; hay otra Iglesia misionera y conquistadora de nuevos ámbitos en los que apenas se ha tenido noticia de Jesucristo; pero hay también una Iglesia dispersa, en relación con la desafección y la increencia de una sociedad postcristiana, que ve en el pluralismo la última esperanza de pertenencia a una institución que debería ser universal en lo geográfico, en lo humano y en lo cultural. No es una distinción entre malos y buenos, anquilosados y dinámicos, muertos y vivos; claro que no. Es, más bien, o ha sido siempre, una distribución de funciones y de talentos. Siempre hubo monasterios de oración y contemplación y misioneros de frontera; hubo elaboradores de ortodoxia y campos de experimentación; hubo siempre dinámicas de reproducción y dinámicas de transformación. Nos enseñaron, en las décadas que siguieron al Concilio, que el Espíritu estaba presente en las diversas formas de vivir y transmitir la fe: las del centro y la periferia, la del Altar y la de los alrededores. Nos enseñaron que la Iglesia precisa de un esqueleto y de una musculatura, y que cada cual debía encontrar su función en ese Cuerpo Místico.

DAR RAZON DE LA FE

No por decisión, sino por vocación, existen movimientos, carismas e iniciativas que necesitan dar razón de su fe en ambientes hostiles, donde no valen los argumentos de autoridad ni puede darse por descontada la premisa de la fe. El problema surge cuando de ese roce surge un discurso crítico que es contemplado por la propia Iglesia como un peligro de confusión, una fuerza centrífuga quintacolumnista o una expresión más del pernicioso relativismo moral: entonces es preciso mucho voluntarismo para no sentirse víctimas, sino compañeros de camino. Por la misma razón, aunque sea inversa, demasiados “golpes de doctrina” de la jerarquía, demasiados comunicados de su portavoz, ponen en aprietos a quienes se empeñan en traducir a lenguajes alejados lo nuclear del Evangelio y de la Iglesia, porque una y otra vez, demasiadas veces, los comunicados y documentos, lejos de provocar ondas expansivas capaces de llegar a destinos tan distantes como distintos, más bien usan un lenguaje apretado, comprensible para iniciados y hostil o esotérico para quien no ha dado de antemano su asentimiento. (...)

Sabemos bien la desafección que se está produciendo por esta actitud en sectores de la población que conservan rasgos de fe en Jesucristo y en la misma Iglesia, aunque tengan dudas, indisciplinas, tibiezas, desconfianzas o experiencias negativas: si hace décadas la deriva de un postcristiano o de un “cristiano intermitente” era un continuo ir y venir en espera de experiencias de crecimiento en la fe o redescubrimiento del misterio, ahora la deriva se parece más a la del desterrado de un lugar cada vez más perfectamente vallado y cercado, sin descuidos o agujeros por los que de vez en cuando volver a colarse; un lugar que reclama como condición de acceso o de permanencia una adhesión total, sin que le baste una curiosidad, una buena disposición, o el azar de un encuentro y la sospecha de un camino por recorrer.

ADMITIR LA DIVERSIDAD

No es un “cambio de rumbo” acorde con tal o cual manera de pensar lo que pedimos a la Iglesia: lo que reclamamos es mayor capacidad para admitir la diversidad, la crítica interna a sus políticas terrenales y, en suma, un verdadero reconocimiento de la riqueza del pluralismo, concebido no como la aceptación de singularidades anecdóticas, sino como la convicción de que la diversidad de estilos, talentos y maneras de concebir lo cristiano es un bien moral en sí mismo, igual que la diversidad de especies es un bien biológico con independencia de la belleza de cada criatura.(...) No pedimos que nadie nos dé la razón ni que nos aplauda; tan sólo necesitamos espacios dentro de la Iglesia en los que sentirnos Iglesia, (...) un lugar inequívocamente eclesial donde diferentes voces cristianas verdaderamente plurales puedan mirarse, mezclarse, debatir, competir argumentativamente y encontrarse.

Imagen: (Getty) Líderes de otras religiones en reunión con el Papa Benedicto XVI.
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CRISTO LLEGA POR INTERNET


Cristo llega por Internet
4.00 p m| CIUDAD DEL VATICANO 27 abr. 10 (BV).- Al recibir este sábado a los participantes del congreso nacional "Testimonios digitales. Rostros y lenguajes en la era digital", promovido por la Conferencia Episcopal Italiana, el Papa Benedicto XVI resaltó que la misión irrenunciable de la Iglesia también es anunciar a Cristo en Internet, mostrando a todos la verdadera dignidad de la persona creada por Dios para que con Él llegue a su plenitud.

El Papa anifesto que "nuestra misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de todo creyente que obra en los medios es la de ‘allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y sus verdaderas necesidades espirituales, ofreciendo a los hombres que viven este tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor’".

"Queridos amigos, también en la red estamos llamados a colocarnos como ‘animadores de comunidades’, atentos a ‘preparar caminos que conduzcan a la Palabra de Dios’ y a expresar una particular sensibilidad para cuantos ‘están desesperanzados y tienen en el corazón deseos de absoluto y de verdad no caducos’. La red podrá así convertirse en una especie de ‘pórtico de los gentiles’ en donde se ‘haga espacio también para quienes Dios es todavía un desconocido’".

Tras alentar el trabajo de los medios católicos en Italia, el Santo Padre exhortó a "todos los profesionales de la comunicación a no dejar de nutrirse en el propio corazón de aquella sana pasión por el hombre que se convierte en tensión así como a acercarse siempre más a sus lenguajes y a su verdadero rostro. Los ayudará en esto una sólida preparación teológica y sobre todo una profunda y alegre pasión por Dios, alimentada en el continuo diálogo con el Señor".

Al finalizar, Benedicto XVI alentó a "recorrer, animados por el coraje del Espíritu Santo, los caminos del continente digital. Nuestra confianza no está acríticamente puesta en algún instrumento de la técnica. Nuestra fuerza está en el ser Iglesia, comunidad creyente, capaz de testimoniar a todos la perenne novedad del Resucitado, con una vida que florece en plenitud en la medida en que se abre, entra en relación, se dona con gratuidad.

sábado, 24 de abril de 2010

ESCUCHAR SU VOZ Y SEGUIR SUS PASOS Jn. 10, 27-30

ESCUCHAR SU VOZ Y SEGUIR SUS PASOS

José Antonio PAGOLA

La escena es tensa y conflictiva. Jesús está paseando dentro del recinto del templo. De pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador. Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Vosotros no creéis porque no sois ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

Para probar que no son ovejas suyas, Jesús se atreve a explicarles qué significa ser de los suyos. Sólo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz... y me siguen». Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.

Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar mucho más en nuestras comunidades esa sensibilidad, que está viva en muchos cristianos sencillos que saben captar la Palabra que viene de Jesús en toda su frescura y sintonizar con su Buena Noticia de Dios. Juan XXIII dijo en una ocasión que "la Iglesia es como una vieja fuente de pueblo de cuyo grifo ha de correr siempre agua fresca". En esta Iglesia vieja de veinte siglos hemos de hacer correr el agua fresca de Jesús.

Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo progresivamente en formas decadentes de religiosidad superficial, en medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, imágenes, comunicados y reclamos de todo género, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.

Pero no basta escuchar su voz. Es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidirnos entre contentarnos con una "religión burguesa" que tranquiliza las conciencias pero ahoga nuestra alegría, o aprender a vivir la fe cristiana como una aventura apasionante de seguir a Jesús.

La aventura consiste en creer lo que el creyó, dar importancia a lo que él dio, defender la causa del ser humano como él la defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó.

Si quienes viven perdidos, solos o desorientados, pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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viernes, 23 de abril de 2010

PASCUA - DOMINGO IV

PASCUA - Domingo IV
Juan 10, 27-30

Jesús se llama a sí mismo el Buen Pastor, y con esto nos dice la relación que tiene con nosotros, lo que El es para nosotros. Jesús nos cuida, nos protege, nos defiende, nos da la vida, nos da seguridad; y todo esto mientras estemos cerca de El y oigamos su voz y sigamos sus pasos.

La enseñanza de Jesús es clara, y supone una relación mutua, relación de ambas partes. En el párrafo de hoy se nos dice: Mis ovejas escuchan mi voz. Aquí se nos está diciendo cómo debe ser nuestra actitud con el Buen Pastor. Escuchar su voz significa más que obedecer a la voz del pastor. Por supuesto que eso también; pero además supone un conocimiento de la misma persona del Pastor que guía a las ovejas. El sonido de la voz del Pastor les da seguridad y alegría porque les hace sentir su presencia y las características de su persona. Saben que las cuida y que las alimenta. Se fían de El porque les ha dado muestras de mucho amor. Incluso a veces las ha defendido arriesgando su propia vida, cuando ha venido el lobo a atacarlas. Por eso escuchan su voz, esa voz tiene el sonido del amor y así le prestan atención. Y obedecen a lo que esa voz les enseña. El seguimiento de Jesús es eso: no se trata solo de obedecer sus mandamientos, lo que El nos ha enseñado, sino conocerlo a El mismo con mucho amor, porque de El brota un manantial de vida que son sus enseñanzas, que nos manifiestan también lo que El nos ama. Es importante esto: escuchar sus enseñanzas nos debe llevar a conocer que todo en El es amor: conocer el amor que hay en su enseñanza.

Por eso continúa diciendo: Yo las conozco y ellas me siguen. Qué importante es saber esto; que somos conocidos por el Señor. El me conoce personalmente. Y nos conoce amorosamente: es la forma de conocer que tiene Jesús: su conocimiento es a la vez amistad, comprensión y acogida. Y esto dirigido inequívocamente a mi propia persona. Me conoce personalmente a mí como soy, me acepta así, y se alegra de tenerme cerca como se alegran los amigos de estar cerca el uno del otro. Y por eso sus ovejas le siguen: no se pueden desprender de El: hay una corriente interior que surge en las ovejas, y que las arrastra para que nunca se separen del Buen Pastor. Ese es el seguimiento: saber que sin El no podemos hacer nada, que sin El estamos perdidos. Seguirlo a El es la única manera que esas ovejas encuentran de vivir. Y seguirlo es también imitarlo: recorrer sus mismos caminos interiores: el camino del servicio, el camino de la entrega, el camino del perdón, de la pureza y de la confianza en Dios. Escuchar su voz es seguirlo a El, es vivir su propia vida y tener sus mismos sentimientos.

Y así El les da la vida eterna. y así no perecerán jamás. El nos da la vida: significa muchas cosas: primero que dio su propia vida por nosotros: amar hasta la muerte, amar con toda la sangre. Ese es el amor y la vida que El nos da. Y así nos hace participar de su propia vida. Hasta lo máximo, porque El se convierte en el alimento de nuestra vida. Y nos da una vida diferente, que se le llama la vida eterna, pero que no es sólo para después de la muerte, sino que es una vida ya desde ahora plena y cabal: todo lo que se puede desear de vida, de vitalidad, de paz, de esperanza y de elevación, de ideales, está encerrado en el don vital que nos da. Este don maravilloso es la vida de la gracia que es una vida que no termina, y por eso se añade que sus ovejas no perecerán jamás. Tienen una vida que no se extingue; además con su protección, la del Buen Pastor, nadie las puede hacer perecer.

Y así nadie las arrebatará de su mano. No habrá fuerza capaz de arrebatarle a Jesús ni una sola de sus ovejas, de las que le siguen y que conocen su voz. Y esto porque el Padre está con Jesús (son uno y mismo Dios), y el Padre es más fuerte que todo, y El es el que ha dado a Jesús estas ovejas, entre las que esperamos contarnos nosotros. Que nadie las pueda arrebatar de Jesús, quiere decir que nadie hay más fuerte, nadie es más poderoso. Que no hay ni enemigos externos, ni circunstancias, que puedan arrebatarlas de sus poderosas manos. Y también quiere decir que no nos separaremos nunca de El. Que nunca nos separemos de este Buen Pastor. Y esto se debe, no a nuestra debilidad, sino a su fuerza. El deseo de seguir siempre a este Buen Pastor, produce en nosotros una adhesión irrompible, porque es la fuerza de la atracción del Corazón del Señor, la que nos mantendrá unidos, si escuchamos siempre su voz.

jueves, 22 de abril de 2010

LAS DIFICULTADES DE SER OBISPO EN CHINA


Las dificultades de ser obispo en China
4.00 p m| ROMA 22 abr. 10 (EDA/BV).- No es fácil hoy en día ser obispo "oficial" en China tras el comunicado de prensa del 25 de marzo por la Santa Sede, señala Eglises d'Asie (EDA), la agencia de las Misiones Extranjeras de París (MEP). Consultados varios obispos "oficiales", varios obispos "oficiales" en los que la cualidad episcopal es reconocida tanto por Roma como por Pekín, opinan que la aplicación, para ellos, de ciertos consejos expresados por la Santa Sede en esa reciente declaración sobre la Iglesia en China, los colocan en una posición delicada.

La declaración en cuestión es el 25 de marzo de 2010, publicada al concluir la tercera reunión de la Comisión del Vaticano para la Iglesia en China. En este texto, la Santa Sede, pidió a los obispos de China que se comprometan en el camino de la unidad de la comunidad eclesial "evitando por tanto realizar gestos (como, por ejemplo, celebraciones sacramentales, ordenaciones episcopales, participaciones en reuniones) que contradigan la comunión con el Papa y que creen dificultades, a veces angustiosas, dentro de las respectivas comunidades eclesiales".

Aunque los tres obispos entrevistados, que pidieron no ser identificados, expresaron claramente la dificultad de que se encuentran. Aunque forman parte de los obispos “oficiales” reconocidos por el Papa, optaron por hablar anónimamente, lo que muestra la sensibilidad de las cuestiones implicadas.

Monseñor "Joseph" no niega que esta declaración ha puesto "bajo presión" a los obispos de China. Elogió la "claridad” de propósito y las indicaciones "más concretas" para lograr la "reconciliación" de las comunidades católicas en China, pero cree que algunos obispos pueden tener dificultades para seguir el consejo y la orientación formuladas por Roma. Explicó que las situaciones difieren de una diócesis a otra, y que "cada obispo actúa según su propia conciencia". Por su parte, hizo hincapié en que su conciencia no le permitía tomar parte en una ordenación ilegítima (es decir, llevada a cabo sin el consentimiento del Santo Padre). Pero se mostró más dudoso respecto a participar o no en la Asamblea Nacional de representantes católicos, (que se suspendió y se realizará a fines del 2010) )a pesar de que cree que esta institución "es contraria al espíritu de la Iglesia".

Los otros dos obispos – llamémosles "Pablo" y "Pedro" – también afirman que no participarían en una ordenación episcopal ilícita, como expresó claramente el papa Benedicto XVI en su carta de 2007. "Aunque mi diócesis o yo mismo pudieramos sufrir debido a esto, yo desde luego, no participaría en una ordenación ilícita", dice el obispo "Pablo". En cuanto a ser llevados a la Eucaristía concelebrada junto con uno o más obispos ilegítimos, lo que puede suceder durante una reunión especial organizada por las autoridades eclesiásticas, afirma: "Yo no asistiría si el obispo presidente es ilegítimo, pero si es alguno de los concelebrantes, dificilmente puedo hacer otra cosa que participar", explica.

Acerca de una posible participación en la Asamblea Nacional de Representantes de los católicos, el obispo añadió que, si bien entiende las intenciones de la Comisión para la Iglesia en China, parece difícil que un obispo pueda negarse a una convocatoria de las autoridades. "Así como muchos de mis colegas, no quiero acudir a la Asamblea Nacional, pero es difícil rehusar”. La Asamblea está organizada por el Gobierno. "Si usted no va a la reunión, se le acusará de no amar a su país. Los funcionarios responsables sufrirán la presión ejercida por sus superiores. Todo el trabajo que quiere hacer un obispo por su Iglesia será aún más difícil", explicó el obispo "Pablo".

Para monseñor “Pedro”, es difícil poner en práctica lo que pide la declaración del 25 de marzo."Nosotros, los obispos, no sabemos qué hacer. No tenemos margen de maniobra después de la publicación de la carta del Papa. Sólo podemos elegir entre sobrevivir con los fallos del sistema o romper los contactos con el Gobierno", se lamenta, y prosigue: "En la Iglesia 'oficial', se teme poner en peligro las buenas relaciones con las autoridades, construidas pacientemente año tras año".

Según monseñor "Pedro", la próxima reunión de la Asamblea Nacional de representantes católicos sólo puede conducir a una división en la comunidad "oficial". "Yo preferiría participar, aunque sentado pasivamente, para ampliar mis posibilidades en el campo pastoral y para no avergonzar a las autoridades locales de mi diócesis", dice, añadiendo que según él, la mayoría de los obispos “oficiales” "haría lo mismo”. Actuar de otra forma sería poco realista, dice. Aquellos que deseen seguir el consejo dado por la Santa Sede debe prepararse para unas relaciones mucho más difíciles con las autoridades y a un control más estricto - que es otra manera de ser testigo de Cristo, concluye.

Imagen: (Getty) El obispo católico del Shan de Kaohsiung Kuo-hsi celebrando la misa en el condado de Kaohsiung, China.
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