
En todo anda Jesús / Número 49, abril de 2010
Peter Turkson y los desafíos de la iglesia africana
4.00 p m| CIUDAD DEL VATICANO, 06 abr. 10 (VIDANUEVA/BV).- El cardenal ghanés Peter Kodwo Turkson, flamante presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, es uno de los africanos más respetados en la Iglesia. Arzobispo emérito de Cape Coast y relator del último Sínodo para África, es un hombre de su tiempo, con valor para señalar a Occidente como culpable de algunos de los problemas que sufre África. Reclama la justicia social, no la caridad, y exige límites morales y éticos al capitalismo, que gobierna el mundo con su avara búsqueda del beneficio por encima de cualquier otra consideración. Aquí un extracto de la entrevista que brindara hace algunos días :
¿Qué impacto puede tener el reciente Sínodo para África en aquella Iglesia?
La Iglesia africana afronta diversos desafíos, de los que hemos hablado en profundidad durante el Sínodo. El desafío religioso viene del encuentro con el islam, con las creencias tradicionales, entre ellas el vuduismo, y con los movimientos cristianos evangélicos, que cuentan con el apoyo de grupos de los Estados Unidos. La población se siente, en cierta manera, atraída hacia estas Iglesias, que cuentan con importantes fondos económicos. En el Sínodo, la Iglesia universal se ha reunido para considerar la situación de la Iglesia africana. No fue, por tanto, un asunto sólo de los católicos de África, sino de todo el mundo. La cuestión de base es ser y hacer Iglesia. Nada más y nada menos. Hay que hacer Iglesia a través de lo que siempre ha hecho: la predicación del Evangelio y encomendarnos a Dios a través de la oración. Cuando el Santo Padre dice que la Iglesia tiene que crecer en África, y se refiere a ella como un pulmón, debemos tener en cuenta que la Iglesia debe saber ser ella misma. Hay que saber transformar el ambiente actual a través de la gracia de Dios. Esto se hace, primero, con la conversión, que es una experiencia de base. En África, como también ocurre en Europa y en otros lugares, existe el riesgo de sustituir la experiencia de la conversión por el estudio del Catecismo. Son dos cosas diferentes. Debemos darnos cuenta de la importancia de la conversión, de que la persona acepte la llamada evangélica de Jesús. En el Sínodo hemos renovado las cuestiones tratadas en la anterior Asamblea de los Obispos para África, hemos subrayado la unión como pueblo de Dios entre las distintas tribus y nacionalidades.
¿Cómo se han tratado las cuestiones de la reconciliación y de la justicia?
No merece la pena hablar de comunión si no existe una reconciliación previa. Para ello, hay que alcanzar primero la justicia, que es la que sana las heridas. Cada relación humana tiene sus exigencias. Si somos capaces de satisfacerlas, nos dirigiremos sobre la vía de la justicia. Hemos hablado de estas cuestiones en el Sínodo sin olvidar tratar otro nivel, como es la relación entre la población y los empresarios, entre los obreros y los patronos. Estas relaciones deben ser justas y conducir hacia la paz. El objetivo de este Sínodo es intentar estudiar los elementos que pueden ayudarnos a vivir como una Iglesia en comunión con el Papa y entre nosotros como familia de Dios.
¿Quién tiene la culpa de estos desequilibrios, el sistema capitalista?
Sí, se puede decir eso en parte. El sistema económico mundial está gobernado por la búsqueda del beneficio: ésta es el alma del capitalismo. Hay que controlar este ansia por las ganancias por medio de la moralidad y la ética ya que, de lo contrario, se convierte en algo exagerado. Cuando la búsqueda del beneficio es la ambición principal, la persona no llega ni a darse cuenta de los efectos que esa ambición provoca. La falta de atención a las consecuencias es otra de las grandes causas de pobreza. Por ejemplo, cuando una compañía minera va a un país africano y tala un bosque, ni se plantea que, cuando acabe la explotación, deja allí un enorme agujero donde la gente ya no puede vivir ni obtener recursos. La compañía sólo se lleva la riqueza, el mineral, y deja un medio destrozado, donde la población ya no puede ganarse la vida y depende de las ayudas exteriores para poder alimentarse. Es así también como se siembra la pobreza.
¿Son los llamados Estados fallidos, como Somalia o Haití, consecuencia extrema de esta situación?
No soy especialista en política somalí o haitiana. En Somalia, sus problemas pueden tener, además, la influencia de la falta de autoridad central, que tal vez está relacionada con su religión. Les resulta muy difícil a los distintos jefes ponerse de acuerdo para construir juntos el país. Cada imán es el líder de quienes van a su mezquita, pero resulta difícil crear una autoridad por encima.
¿Y en Haití?
Allí, la situación es diferente. Debemos recordar que ese país se encuentra en una parte de una isla; en la otra mitad, la República Dominicana, no existen los problemas haitianos. Hay que intentar explicarse por qué las cosas van bien en una parte de la isla y no tan bien en la otra. Tiene que ver con la historia de la política haitiana y con la falta de recursos. Ahora, con el terremoto, la situación es todavía más difícil. La mejor forma de ayudar a los haitianos tras el seísmo es establecer una suerte de Plan Marshall. Así, esta tragedia podría convertirse en una bendición. Haití podría tener un nuevo inicio, con viviendas e infraestructuras nuevas y capaces de soportar terremotos. Si el mundo estuviera dispuesto a poner en marcha un plan de estas características significaría un cambio importante para los haitianos.
¿Sería ésta la mejor estrategia para combatir la pobreza crónica de tantas otras naciones?
Es imposible hacer un Plan Marshall para cada país. Hay tantísimas naciones en una situación como la que vive Haití… El terremoto nos ha ofrecido la posibilidad de hacer algo nuevo, de marcar un punto de inflexión. De esa manera, muchos países pobres podrán ver que se puede ir en esta dirección para cambiar las cosas. Hace falta un cambio en el liderazgo para provocar un cambio en las naciones subdesarrolladas. Si los políticos tienen realmente una visión positiva del país se puede mejorar mucho la situación. De esto también hemos hablado en el Sínodo. Hay que centrarse en el bienestar de la gente, desempeñando un liderazgo que impulse medidas en este sentido.
¿Cuál es la situación del catolicismo hoy en África?
Muchas veces se habla de África como si fuera un pequeño país, por lo que es importante reconocer el hecho de que este continente es, tras Asia y América, el tercero más grande. Este tamaño supone una enorme diversidad, que también es evidente en el catolicismo africano. Al hablar de la Iglesia hay que tener en cuenta tres contextos regionales.
¿Cuáles?
El primero es el norte, donde la mayoría de la población es de origen árabe y su religión es el islam. Allí la Iglesia existe casi sólo como una Iglesia para extranjeros. El carácter del ministerio del apostolado es de presencia. No se intenta realizar la evangelización y la conversión porque, además de ser difícil, está prohibido por ley. La Iglesia tiene frente a sí esta situación y debe mantener su presencia. Más al sur se llega a la zona tropical; hablo de los países subsaharianos. Allí hay un crecimiento de la Iglesia. Cuando se habla de la expansión de la Iglesia africana, de la Iglesia de mañana, se tiene en cuenta esa zona. Es cierto que el catolicismo crece, pero eso no significa que no deba afrontar desafíos. Uno de ellos es el islam, también en expansión y que pretende hacer de toda África tierra musulmana. Otro desafío es el de las religiones tradicionales. Los seguidores de estas creencias siguen existiendo. La Iglesia debe moverse entre estos dos movimientos.
¿Y el tercer contexto?
Es el de la parte más meridional del continente, especialmente Sudáfrica. Hay que recordar que esta zona estuvo durante muchísimo tiempo dominada por el régimen del apartheid. La Iglesia con mayor presencia era la Iglesia refor- mista holandesa. El catolicismo existe allí, pero es una pequeña minoría con unas enormes ganas de crecimiento. Espera poder ocupar un espacio más destacado en la vida y en la sociedad de aquel país.
Entregas Buena Voz, en relación al Sínodo de África:
BV16.-Sínodo sobre África: 58 propuestas finales y un Cardenal africano se queda en Roma
BV12.-Detalles al interior del Sínodo de África
BV11.-¿Por qué es tan importante para la Iglesia Católica universal el Sínodo sobre África?
BV10.-Hay que saber: llegó la hora de la Iglesia africana
Imagen: (Reuters) Peter Turkson
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Rómulo Franco SJ. Lima, abril de 2010.Si usted no desea recibir el boletín nuevamente, por favor retire su correo de la lista de suscriptores accediendo aquí
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