
En definitiva, sois una orden española que se ha hecho muy latinoamericana…
América Latina nos lleva a un modo de trabajo que resulta más sencillo y humanizado. Nuestra sociedad española está muy estructurada y la Vida Consagrada está demasiado marcada por la eficacia. Hasta que no nos liberemos de cierto funcionariado, los consagrados no acabaremos de conectar con la realidad. En Europa nos desespera lo que no se produce inmediatamente y no se soluciona inmediatamente. Latinoamérica nos enseña otro valor del tiempo, que se parece mucho más a la paciencia de Dios. El tiempo latinoamericano no es como el nuestro. Para acoger la realidad, no vale la prisa: hay que volver a ese “ahorita”, que es la Palabra de Dios que cala lentamente.
(Las fotos pertenecen a AMICO)
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