jueves, 25 de marzo de 2010

SEMANA SANTA

SEMANA SANTA 2010

Tiempo de gracia, tiempo de presencia del Señor que se palpa y se siente –afortunadamente- en el ambiente de nuestros sectores populares. Un clima especial que llama a mirar hacia dentro, a profundizar las razones de nuestra fe y de nuestra esperanza.
Tiempo también propicio para echar una mirada a nuestro alrededor y descubrir dónde sufre y muere Jesús hoy y donde surgen señales de su resurrección. Se trata de actualizar el misterio pascual, de revivir aquellos acontecimientos que cambiaron el rumbo de la humanidad. No por casualidad El nos dijo: “Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
Lo sabemos bien: sufre y muere en todos/as aquellos/as que de una u otra forma la vida –la historia y la sociedad actual- les deja en esa situación de dolor, sufrimiento y muerte… De manera especial aquellos/as que son condenados/as a “morir antes de tiempo” (los indios en tiempo de Bartolomé de las Casas, los pobres hoy), muertes adelantadas injustamente.
Y, también lo sabemos, hay señales de resurrección, de vida: acontecimientos que significan “buena noticia”, personas que nos animan y alientan con su compromiso de vida, con su entrega desinteresada… personas que mueren para dar vida, como el grano de trigo en el surco.

Este año quiero situarme desde otro ángulo, viendo otro prisma de esa realidad de muerte-vida. Me refiero a la muerte y la vida reflejadas en la naturaleza, en el planeta en que habitamos, en “la casa común” que compartimos con todos los seres vivos. S. Pablo ya nos decía que “la creación gime y sufre como dolores de parto” (Rom 8,22), dolores que preceden a la vida. Hoy sentimos que el planeta tierra también está sufriendo más de la cuenta; más aún, se habla hasta de que lo podemos condenar a morir antes de tiempo…

Jesús sufre entonces hoy una pasión y muerte lentas pero inexorables en la naturaleza. La Cumbre de Copenhague hizo oídos sordos al llamado de Benedicto XVI: “Si quieres promover la paz, protege la creación” (Mensaje para el 1º de Enero 2010). Nos queda revertir la situación sin esperar demasiado de los poderosos de este mundo: hoy como ayer, se mueven por otros intereses.

José Mª Rojo G.

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